Cuando la fe se hace tinieblas


Merece la pena -me decía un enfermo en cierta ocasión- incluso ser un paciente crónico, si te encuentras lleno e fervor espiritual, feliz de cumplir la misión que Dios te ha encomendado. Si además estás rodeado de personas buenas que a uno le atienden y miman, ¿qué mejor vocación? Pero, por desgracia, la vida del enfermo es mucho más dura. Hasta parece que Dios se aleja de nosotros.

¡Y cuánta razón tenía nuestro amigo enfermo!

Conozco cómo son las "noches oscuras" del enfermo POR LA NOCHE. Cuando se han alejado las visitas, cuando uno quiere pasar las horas sin causar molestia, pero le ahoga la angustia o la desazón junto a un dolor sordo que no desaparece.

En estas circunstancia la fe se hace más tinieblas. Incluso parece que la entrega generosa de nuestros años de confianza en Dios ha desaparecido. Y uno en carne propia llega da decir como Jesús en la cruz: "Padre, Padre, ¿por que me has abandonado?"
Pero escucha, enfermo, no te desanimes. A mí me hicieron mucho bien estas frases que tomé a vuela pluma en una conferencia: "El alma quiere estas tinieblas de fe, porque sabe que son fecundas, porque sabe y siente que solamente en ellas puede gustar íntimamente y juzgar por experiencia las profundidades de su Dios."

He releído y subrayado en mi libreta hasta la saciedad estas palabras. Sé que no serán la aspirina milagrosa que en mis noches de insomnio rebelde vayan a darme la paz total ni el descanso reparador; pero pueden ayudarme a formar un criterio sólido que me una a Dios en medio de las tormentas más terribles.

Cuando la crisis sea superada, descansará tu alma en el Señorporque "fiel es Dios que os confirmará y guardará del maligno."

La vida del cristiano no es toda cruz y aridez. Nuestra existencia es un entramado de luces y sombras, gozos y penas. Cuando nos encontramos en alza, es preciso hacer consideraciones para los momentos duros.

Admiramos todos a los grandes constructores de catedrales, pero casi ni pensamos los trabajadores de cimientos, en quienes preparan el suelo tosco para elevar las torres.

Los enfermos, los marginados a causa de sus dolencias están sosteniendo junto con Jesús el Cuerpo del Reino de Dios, escondidos en la luminosa oscuridad de un mundo invisible pero real. Gracias a ellos muchos verán la luz de la Buena Nueva.

Necesitamos hoy enfermos con una entrega total al Señor para que surjan misioneros a lo Javier.


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