Dos hombres muertos en avioneta

Me lo contaba un amigo militar de aviación: Había caído en picado una avioneta en el transcurso de unas maniobras, y murieron en el acto dos hombres que pilotaban la nave. Enseguida vino la reacción; se formaron corrilos entre los oficiales y suboficiales para comentar lo sucedido, y el pánico comenzaba a cundir en el cuartel. El jefe de la base, consciente de la desmoralización, mandó sacar todos los aparatos disponibles y lanzarse a volar. Y fue una sabia disposición de buen gobernante.


Con relación al problema de la enfermedad y de la muerte estamos aplicando la misma metodología. ¡Hay que seguir viviendo!, nos decimos. Hay que olvidar. Pero no me parece éste un buen criterio.

El pretender apartar de nosotros por sistema el pensamiento del más allá o e las posibles dolencias, es algo insensato. Cerrar los ojos ante la posible enfermedad puede ser causa de impedir la curación. Rechazar de nuestro pensamiento el fin de la vida, siempre me ha parecido poco humano y poco cristiano.

Eso sí; la muerte hemos de mirarla en su realidad total. Ante todo, como algo positivo, como un abismo de luz que todo lo transfigura. Hemos de mirarnos en la misma muerte de Cristo; elevarnos de la miseria presente, hacia la felicidad perpetua. Pero también conviene contemplar la muerte como el abismo de las tinieblas, donde el llanto y el dolor serán eternos, si nuestra vida ha estado de espaldas a Dios, y no hemos rectificado. Así lo ha revelado Jesús en el Evangelio. No inventemos otra religión.

Yo quisiera que cuando nos ocurra cualquier contratiempo serio; una enfermedad,una pérdida económica; nos dé fuerza Dios para adherirnos a El con firmeza y digamos como San Pablo, "ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni la desnudez, ni el hambre, ni el peligro, ni la espada me separarán del amor de Cristo". Todo ha de ser estímulo para cuantos amamos a Dios

Esta disposición de ánimo es la que nos lanza a los cristianos hacia las alturas, y hace que "olvidemos" las miserias presentes. Nosotros no necesitamos al coronel que nos obligue a tomar las avionetas. Cogemos al toro por los cuernos con valentía y con una total confianza en Dios que es nuestro Padre.

José María Lorenzo Amelibia
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