Desde nuetra niñez, el Corazón de Jesús


Creo que llevarás grabado desde los tiempos de la niñez todo lo relativo al Corazón de Jesús. No sé cómo ahora ha caído tanto. Cuando meditamos en aquellas letanías, llega uno a encontrase como inmerso en la Grandeza de Dios: "Corazón de Jesús en quien se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia."

Es maravilloso. El Verbo es la Ciencia personal del Padre, ciencia infinitamente perfecta, como el principio de donde dimana. Emociona ver a este Jesús, sublime en el misterio de Dios, descansar en el pesebre y a la vez con la Ciencia total de Dios que me conoce, penetra hasta mis últimos pensamientos. Merece la pena contemplarlo, sentirse anonadado y a la vez fuerte junto a El.

Cada vez admiro más el gran regalo que nos hizo Dios con la Encarnación. El Padre nos libró de las tinieblas y nos trasladó al Reino de la luz. Jesús se constituyó vencedor glorioso de la muerte. Sí; todo esto lo sabemos por la fe. Lo hemos oído tantas veces que apenas nos dice nada. Los santos pasaban horas y horas enfrascados en estos misterios, gozando de estas sublimes realidades, siempre gozosos de estar inmersos en ello.

Así luego predicaban con fuego, conversaban con amor. Pido a Dios que me ayude, que nos ayude a nosotros a vivir siempre en estado de fe actual.

Antes se solía insistir mucho en la reparación a Dios por los pecados de la humanidad. Esta realidad me gusta vivirla como auténtica función sacerdotal. "Entre el vestíbulo y el altar llorarán los sacerdotes del Señor" nos dice el Profeta.
Practicar esta reparación sobre todo por la oración y por el amor. El contemplar el mundo apartado de Dios, llena el alma de tristeza sobrenatural.

"¡Jesús no es amado!" Este pensamiento me tiene que doler como a San Francisco de Asís le dolía.

Reparar al amor ofendido con tanta indiferencia. Y pedir a la vez santidad para los sacerdotes. Pero no me voy a contentar con esto. Mi reparación debe ser efectiva. Hacer algo para salvar al mundo. Aunque no sea mucho lo que pueda yo hacer. Ayudar a una persona a que sea mejor.

Y sufrir algo. Ofrecer mis sufrimientos por la salvación del mundo. El dolor de cada día, unido a la cruz de Jesucristo. Simplemente aceptar todos los sinsabores de la vida ya supone algo.

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