La silla vacía


El sacerdote que lo contaba quedó impresionado por la mística sencillez del enfermo. Después leí algo parecido en un libro.

Muchas horas del día permanecía solo nuestro hombre enfermo, pero siempre sonriente, como gozoso. Jamás se quejó de soledad, y menos de abandono. El cura visitante vio una silla junto a la cabecera de la cama: nada contenía, ni siquiera un vaso o un libro. Estaba totalmente vacía. El paciente lo expresó de esta manera:

-Mire, en esa silla está sentado El. Me acompaña todas las
horas. Algunas veces le cuento mis problemas, mis alegrías o preocupaciones. Y le ofrezco con frecuencia mi vida para que ayude a algún pecador a convertirse.
Y siguió contando su experiencia religiosa...

¡Bella manera de mantener la presencia de Dios durante toda la jornada. El hombre o la mujer enfermos (también los sanos), hemos de valernos de todos los recursos posibles para dar aliento a nuestra vida interior cristiana: cuadros, lecturas, estampas, cintas grabadas con mensajes espirituales... o la silla vacía junto a nuestra cabecera. Algo que ayude a la sensibilidad creyente; que facilite esta labor continua de nuestra entrega a la voluntad de Dios.

"¡Menudo lío!", podrá decir alguien. Sin embargo no resulta farragoso. Es bien sencillo. Además, a la larga da consuelo al espíritu y, sobre todo, ayuda a que nuestra existencia sea más y más de Dios y de provecho para nuestros hermanos.

Pero volvamos al enfermo de la silla vacía.

Algunas semanas más tarde, se presentó la hija al señor párroco: -"Mi padre ha muerto. Ha debido de ser de manera silenciosa y sin dolor. Me encontraba en la cocina, y nada he advertido. Cuando he acudido a su habitación por si necesitaba algo, le he encontrado como dormido; con la cabeza apoyada sobre la silla que siempre tiene cerca de él."

No hubo tiempo para que recibiera aquel día la Comunión. Lo hacía con gran frecuencia. Después de comulgar, imaginaba a Jesús sentado a su vera. Todo el día así. Con gran paz.

¡Envidiable modo de vivir! Feliz imaginación. Porque "quien permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada."

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