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¿Por qué me voy de Religión Digital?
Mons. José Luis Chávez Botello. Arzobispo de Antequera Oaxaca / 18 de abril.- La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo constituyen la Pascua, el corazón de nuestra fe y no pueden separarse; es el camino elegido por Dios para salvarnos, es fuente de esperanza, de amor y de vida auténtica. Desde la Pascua, la vivencia de la fe siempre impulsa a mejorar; su fuerza nunca queda encerrada en el corazón, en la familia ni en las paredes del templo sino que se proyecta como luz, como fermento y sal buena en quienes nos rodean; tampoco queda estancada ni encadenada. Anunciamos tu muerte; proclamamos tu resurrección; ven Señor Jesús. Es la transmisión y testimonio de fe desde el tiempo de los apóstoles.
¡Anunciamos tu muerte!. Anunciar la muerte de Jesucristo es gastar y dar la vida haciendo el bien, amar sirviendo sobre todo a los más necesitados. Es asumir el esfuerzo para doblegar la soberbia, el egoísmo y la envidia; es tener el valor de pedir perdón y de perdonar, luchar contra el mal y crecer en el bien para establecer relaciones sanas y la convivencia pacífica. Quitar el mensaje de la Pasión y Muerte de Cristo lleva a una vida y triunfalismo estéril, a buscar una vida fácil sin esfuerzo, a querer frutos sin trabajar; lo vemos en ladrones, en la corrupción y en organizaciones del crimen.
¡Proclamamos tu Resurrección!. Proclamar la resurrección de Jesucristo es ir mostrando el rostro de una vida que se abre cada vez más al amor de Dios y al bien del prójimo; es la que orienta la manera de emplear conocimientos, cualidades y recursos materiales. La resurrección de Jesucristo da sentido a toda actividad y situación; es cimiento y columna en la enfermedad y sufrimiento; es fuerza para luchar hasta vencer el mal y mantenerse fiel en la entrega de la vida por amor. Por eso la fe en la resurrección remueve piedras de divisiones, de violencia y desamor. Quitar la fe en la resurrección de Cristo lleva a vivir sin esperanza, a no pocos los lleva a destruir, al fatalismo.¡Ven Señor Jesús!. Es la súplica confiada al Señor que dio su vida por todos nosotros y nos llama a seguirlo por el camino de la cruz para compartir con nosotros su victoria y vida plena en su reino. Es la súplica consciente porque aún no hemos vencido la fuerza del mal en nosotros ni a nuestro alrededor; todavía las dudas, el miedo, la indiferencia y falta de confianza en Dios nos frenan en la entrega de la vida por amor; aún no mostramos la vida plena de Jesucristo en nosotros en la manera de relacionarnos con Dios, con los demás y con la naturaleza. Nos falta camino por recorrer, pero no nos desesperamos; de allí nuestra súplica confiada: ¡Ven Señor Jesús!.
Anunciamos tu muerte; proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús es la proclamación pascual que en cada Eucaristía los creyentes reafirmamos; es el corazón de nuestra fe que en cada domingo y fiestas profesamos en el Credo. Vivamos la Pascua y tendremos una vida mejor. Dios solo espera nuestra colaboración. ¡Aleluya, el Señor resucitó!
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