La Global Sumud, una flotilla para hacer historia y parar el genocidio Súbase a bordo, Santidad, y que su grito de esperanza resuene en el corazón del mundo anestesiado

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"Es una empresa titánica, tejida con el coraje de activistas, médicos, periodistas y figuras públicas de 44 países"

"En este océano de compromiso, hay una ausencia que resuena como un eco doloroso: la de la Iglesia católica. Ni un obispo, ni un cura, ni una monja, ni un cardenal se subirán a esos barcos. ¿Ni el Papa León XIV?"

"Permítame soñar, cardenal: ¿y si diera un paso más? ¿Y si se subiera a uno de esos barcos que partirán desde el Moll de la Fusta en Barcelona? Mejor aún, imagine esto: un barco atracando en Roma, con el Papa León XIV a bordo, junto a usted y algunos de sus curiales"

"¿Se atrevería Israel a interceptar esa flotilla, como hizo con el Madleen en junio o el Handala en julio, si el Vicario de Cristo estuviera a bordo?"

En un mundo que a veces parece anestesiado ante el dolor ajeno, donde la indiferencia se alza como un muro más alto que el que cerca Palestina, surge un clamor cada vez mayor que no puede ser silenciado. Este domingo, decenas de barcos zarparán desde puertos de medio mundo, desde Barcelona hasta Túnez, desde Italia hasta otros rincones del Mediterráneo, en una misión que ya se inscribe en la historia: la ‘Global Sumud Flotilla’.

Su propósito no es menor: romper el asedio ilegal a Gaza, abrir un corredor humanitario y alzar la voz contra el genocidio que, día tras día, siega vidas palestinas bajo el peso de bombas, hambre, olvido y prepotencia inhumana de Israel y su aliado estadounidense.

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Es una empresa titánica, tejida con el coraje de activistas, médicos, periodistas y figuras públicas de 44 países. Desde la joven Greta Thunberg, que no duda en poner su cuerpo donde están sus ideales, hasta Susan Sarandon, que clama por la solidaridad donde los gobiernos callan, pasando por la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, o el diputado Juan Bordera. Todos ellos encarnan la resistencia de la sociedad civil frente a la inacción.

Pero, en este océano de compromiso, hay una ausencia que resuena como un eco doloroso: la de la Iglesia católica. Ni un obispo, ni un cura, ni una monja, ni un cardenal se subirán a esos barcos. ¿Ni el Papa León XIV?

Por ahora, sólo el cardenal español Cristóbal López, arzobispo de Rabat,  ha alzado su voz para bendecir esta iniciativa y denunciar la indiferencia ante la injusticia. ¡Monseñor López, qué gesto el suyo! Desde Rabat, su apoyo a la flotilla es un faro en la noche, un recordatorio de que la Iglesia no puede quedarse al margen cuando la humanidad sangra.

Pero, permítame soñar, cardenal: ¿y si diera un paso más? ¿Y si se subiera a uno de esos barcos que partirán desde el Moll de la Fusta en Barcelona? Mejor aún, imagine esto: un barco atracando en Roma, con el Papa León XIV a bordo, junto a usted y algunos de sus curiales.

Papa y Gaza

Sería un gesto que haría temblar los cimientos del mundo. Un Papa navegando hacia Gaza, desafiando el bloqueo, llevando no solo ayuda humanitaria, sino el peso moral de una institución que, a lo largo de los siglos, ha sabido ser faro de esperanza en los momentos más oscuros.

¿Se atrevería Israel a interceptar esa flotilla, como hizo con el Madleen en junio o el Handala en julio, si el Vicario de Cristo estuviera a bordo? ¿Se atreverían a repetir las acciones que Amnistía Internacional ha calificado como violaciones del derecho internacional, con el Papa como testigo? ¿Y qué diría entonces Donald Trump, que en 2025, desde la Casa Blanca, ha calificado de “error grave” el bombardeo a la iglesia católica de la Sagrada Familia en Gaza, pero no ha movido un dedo para frenar la maquinaria de guerra?

Un Papa en la flotilla sería mucho más que un símbolo: sería un desafío directo al silencio cómplice del mundo, un puñetazo sobre la mesa de la historia. Porque no nos equivoquemos: lo que sucede en Gaza no es una guerra, es, como denuncia Cáritas Internationalis, una “aniquilación”. La hambruna, declarada oficialmente por la ONU, ha segado ya 317 vidas desde octubre de 2023, incluidos 121 niños. Hospitales, escuelas, refugios, incluso la única iglesia católica de Gaza, han sido arrasados.

El padre Gabriel Romanelli, herido en el bombardeo a la parroquia de la Sagrada Familia, hablaba diariamente con el difunto Papa Francisco, quien no cesaba de clamar por la paz. Hoy, León XIV tiene la oportunidad de recoger ese testigo, de hacer suyo el grito de su predecesor y de los patriarcas de Tierra Santa, que han suplicado un alto al fuego y la apertura de corredores humanitarios.

Pizzaballa, en la parroquia bombardeada de Gaza
Pizzaballa, en la parroquia bombardeada de Gaza Patriarcado Latino de Jerusalén

La Global Sumud Flotilla no es solo un convoy de barcos cargados de alimentos, agua y medicinas. Es un acto de resistencia moral, un recordatorio de que, como dice Saif Abukeshek, portavoz de la misión, “si los políticos no actúan, lo haremos nosotros”.

Y la Iglesia, la de Cristo, la de los pobres, la que siempre ha estado llamada a estar con los últimos, no puede quedarse en la orilla. Monseñor López, su apoyo es un primer paso, pero el mundo necesita más. Necesita ver al Papa en primera línea, como Francisco lo estuvo tantas veces, no solo con palabras, sino con gestos que cambian la historia.

Imagine, Santo Padre, el impacto: usted, León XIV, navegando hacia Gaza, rodeado de activistas, médicos, periodistas, mujeres, veteranos, todos unidos por un mismo anhelo de justicia.

Sería el gesto definitivo para frenar el genocidio, para decir al mundo que, a pesar de las conquistas ultras, de las políticas del miedo y del silencio de los poderosos, aún hay esperanza. La humanidad sabría entonces que siempre se puede confiar en el Papa de Roma, que la Iglesia sigue siendo madre y maestra, faro y refugio.

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No dejen que esta flotilla zarpe sola. Que la Iglesia, con León XIV como timonel, se suba a bordo. Porque, como dice el Evangelio, “no se enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt 5,15). Que la luz de la Iglesia ilumine el camino hacia Gaza, hacia la paz, hacia la justicia. ¡Es hora de hacer historia y parar el genocidio!

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