Junípero Serra, el fraile anticuado

Guillermo Gazanini Espinoza / 07 de mayo.- Comenzó una campaña legislativa para modernizar a los personajes fundacionales del Estado de California. En enero, el senador estatal Ricardo Lara, demócrata, presentó el proyecto de proposición al pleno de ese cuerpo colegiado para retirar del salón de estatuas del capitolio nacional, la imagen del gran evangelizador y misionero Fray Junípero Serra (1713-1784) quien será elevado al grado de santo por el Papa Francisco durante la visita de septiembre en ocasión del Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia.
La proposición de Lara pasó por el voto favorable del senado estatal. Desde el inicio, la campaña fue maniobrándose a fin de colocar a Lara como paladín de los derechos de los grupos homosexuales atizando discrepancias e inconformidades particularmente por el hecho de la inminente canonización del franciscano. Los argumentos del legislador y activista gay, nacido en California en 1974 e hijo de padres mexicanos, apuntan a la necesidad de renovar las estatuas de los ciudadanos distinguidos que cada Estado envía al Capitolio. Modernizar, según sus argumentos, con un personaje de la historia contemporánea. Con desdén, Lara refiere a Junípero Serra como “el elocuente predicador y fundador de numerosas misiones…” cuya estatua puede ser colocada en un lugar de honor en el Estado donde los visitantes puedan admirarla y ser recordado por el impacto histórico en California”. El lugar sería ocupado por la imagen de Sally Ride, primera astronauta norteamericana al volar en una de las misiones del transbordador Challenger y tercera en el espacio después de Valentina Tereshkova y Svetlana Savitskaya. Sally Ride nació en California en 1951. Desde niña se interesó por las ciencias y en junio de 1983 se convirtió en la primera astronauta, después de un concurso nacional, a los 32 años. En 1987 dejó la NASA y enfocó sus esfuerzos en la enseñanza de las ciencias a las jóvenes. La doctora Ride se divorció en 1987 e inició una vida de pareja con una antigua amiga de la infancia. Juntas dieron inicio a la fundación Sally Ride Science dedicada a la promoción entre los jóvenes de la ingeniería, ciencias, tecnología y matemáticas. Sirvió como asesora en ciencias de la presidencia y fue directora del Instituto Espacial de California además de ser reconocida con premios gracias a su dedicación en esas áreas. Murió en julio de 2013 por un cáncer pancreático.
En 1864 se dio la primera legislación para invitar a cada Estado a enviar las estatuas de sus ciudadanos más emblemáticos. Serra ocupó su lugar en el Capitolio en 1931 junto con la del predicador y ministro unitario Thomas Starr King (1824-1864) quien fuera reemplazado en 2006 por el presidente Ronald Reagan. Obra del artista italo-americano Ettore Cadorin (1876-1952), la estatua de bronce del franciscano español reprodujo la del pionero que lleva la cruz y en su mano el templo de la Iglesia al fundar las misiones que darían origen a las ciudades del Estado. El 25 de septiembre de 1988, fray Junípero Serra fue beatificado junto con seis siervos de Dios, entre ellos el jesuita Miguel Agustín Pro, mártir en espera de la canonización. En esa ocasión, el Papa Juan Pablo reconoció en Serra la unidad cristiana y su espíritu misionero consagrado en la difusión de la verdad destacando en él las virtudes de la paciencia, perseverencia y humildad.
A la campaña de denostación del misionero de las Californias se suma la leyenda negra del maltrato a los indígenas. Sin embargo, el escrutinio de la historia hace caer estos argumentos. El dos de mayo pasado, una jornada de estudios sobre fray Junípero Serra en el Colegio Americano de Roma analizó las virtudes y enormes retos afrontados en esa etapa de la historia de California. No sólo se reconoce en Serra al evangelizador, también el Papa Francisco lo llamó fundador de los Estados Unidos: “Contemplamos el testimonio de santidad de fray Junípero -uno de los padres fundadores de Estados Unidos, santo de la catolicidad y especial protector de los hispanos del país-, de manera que todo el pueblo americano descubra la propia dignidad, consolidando siempre más la propia pertenencia a Cristo y a su Iglesia”.
Ante la propuesta de Lara para denostar el legado de Serra, algunas voces legislativas se pronuncian en contra. Una de ellas, la senadora Patricia Bates, representante del distrito de la misión de San Juan Capistrano. El 13 de abril, la republicana reconoció los méritos de Sally Ride, sin embargo, -dijo- la historia moderna de California no podría comprenderse sin la figura de Junípero Serra como padre fundador del Estado: “Su legado en el sistema de misiones fundarían a California… Pasar esta resolución en el mismo año de la visita del Papa Francisco y de la canonización de Serra no es sabio y prudente. Sería más apropiado tener este debate después de la visita papal”.
Si se trata de modernizar, siguiendo la dialéctica populista de Lara, varios Estados tendrían que remover a sus padres y madres fundacionales: George Washington, Samuel Adams, Stephen Austin, Sam Houston y de mujeres como la madre Josefina (1863-1902), hermana de la Providencia, de la indígena Sakakawea (+1806) y Hellen Keller (1880-1968), ciega e incansable promotora de los derechos de las personas discapacitadas. El único mensaje que Lara envía al pueblo de California es tratar a la historia con ligereza relegando sus consecuencias para el presente. Esta propuesta deliberadamente desecha una herencia que rebasa fronteras para encumbrar al pragmatismo; lo deleznable y reprobable es usar la política y a grupos minoritarios para valerse de pretensiones electorales socavando y relativizando los mismos orígenes nacionales a cambio del voto duro. Por sí mismo, fray Junípero Serra refulge junto a todos los padres y ciudadanos ilustres de los Estados Unidos; lejos de ser anticuado está más vivo que nunca gracias al poder y celo de su vida por causa del Evangelio y el amor a todos, para ser modelo de los norteamericanos, por su preferencia hacia los desvalidos y discriminados por cualquier circunstancia. Y este legado jamás dejará de ocupar su lugar en la historia.