¿Legalizar la planta tóxica?

Guillermo Gazanini Espinoza / CACM. 07 de agosto.- Leyendas hindúes dicen que la planta de cannabis fue un regalo de los dioses a los hombres; ha acompañando a la humanidad desde tiempos inmemoriales y las diversas especies fueron materia prima para confeccionar fibras, tejidos y en usos medicinales. La planta llegó al Nuevo Mundo, bajo el patronazgo real, para impulsar los obrajes y talleres textileros y, en el siglo XVII, se ocupó como remedio para mitigar las dolencias. En el siglo XIX, fue usada por curanderas y por los estratos más bajos a manera de sustituto que servía para apaciguar las necesidades más básicas, pero su acción excitante estuvo asociada a la comisión de hechos horribles y de delitos escandalosos provocados por el oculto narcótico de la planta tóxica.
Los primeros convenios internacionales contra las drogas se dieron en los inicios del siglo XX cuando las potencias de la Liga de las Naciones signaron un Tratado contra la producción y tráfico de los productos derivados del opio, en 1912. Este Convenio Internacional fue reforzado en 1925, incluyéndose la importación de las resinas derivadas del cáñamo de la India. Después de la Segunda Guerra Mundial, Convenciones de las Naciones Unidas contra drogas ilícitas obligaron a los Estados Parte a adoptar medidas contra los enervantes. En 1998, la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Drogas Psicotrópicas respondió contra el creciente poder de los cárteles invitando a los Estados Parte a adoptar medidas en sus legislaciones para reducir la producción, distribución de estupefacientes de forma importante hacia el 2008.
Sin embargo, el narcotráfico ha crecido de forma alarmante. En México, la militarización de la lucha contra las drogas ha derivado en miles de víctimas desatando una espantosa violencia entre los cárteles y las fuerzas armadas; las consecuencias también las lleva la sociedad civil, ajena a la lucha, quien paga con lo más preciado: la vida, la seguridad, la libertad y patrimonio. Cada día, la ciudadanía se ve amenazada y no llega la información suficiente que nos permita contemplar, en un espectro amplio, cuáles han sido los resultados de la guerra contra el tráfico de estupefacientes y cómo se han reestructurado los cárteles de la droga en su creciente influencia en la vida del país. En últimos días, los golpes asestados a las cabezas de las organizaciones parecen provocar la furia de involucrados y hoy, a través de los medios y redes sociales, sabemos de amplias zonas del país donde la ingobernabilidad es lamentable y alarmante. Las cosas no parecen mejorar a pesar de los empeños gubernamentales por someter a estas organizaciones y controlar el tráfico que constituyen acciones y delitos contra la salud.
Algún día se dijo que los Estados Unidos eran el gran cliente para el consumo de drogas. Una sociedad adicta y corrupta demanda cada día más y más sustancias prohibidas para satisfacer su mortal necesidad. Pero la realidad es distinta porque México ya es una sociedad enferma donde los más jóvenes se inician a edades más tempranas en su consumo. La Encuesta Nacional contra las Adicciones 2011 afirma que en la Ciudad de México, aparte del alcohol y el tabaco, la droga más popular es la mariguana(61%) iniciando su consumo antes de los 11 años, el grupo más afectado es el de los jóvenes que van entre los 15 a 19 años (56.7%).
La caja de Pandora fue abierta a finales de julio en Sudamérica. La Cámara de Representantes del Uruguay aprobó un decreto que reforma la Ley 14-294 por el que el Estado asume el monopolio para controlar y regular las actividades de importación, producción, adquisición a cualquier título, almacenamiento, comercialización, y distribución de mariguana o sus derivados. La exposición de motivos del proyecto emanado del Poder Ejecutivo indica que la ley discutida viene a ser un desafío ante el fracaso de la guerra contra las drogas y afirma: “El debate contemporáneo avanza hacia un cuestionamiento de los principios que han sustentado las estrategias de fiscalización de drogas en el mundo, el hemisferio y la región. El modelo de tipo prohibicionista, que ha sustentado el peso político, cultural y presupuestal totalmente desbalanceado hacia la reducción de la oferta, está siendo cuestionado por su ineficacia e ineficiencia. Este Enfoque ha generado más daños no sólo por los efectos colaterales sino por la ausencia total de debida adecuación a los instrumentos de derechos humanos consagrados por la comunidad internacional. Deben ponerse en tela de juicio, en debate democrático amplio y profundo, sin anatemas ni prejuicios, las modalidades de control y fiscalización y los principios que sustentan dicho modelo… Las modalidades de la delincuencia organizada, los esquemas y flujos de lavado de activos, como las posiciones estratégicas que despliegan los países con gran capacidad militar, a través del enfoque bélico dominante, generan situaciones de subordinación, además de incrementar las amenazas para nuestras poblaciones vulnerables”.
Desde luego que la noticia fue espectacular porque Uruguay contravendría diversos instrumentos internacionales sobre el tráfico de estupefacientes signados por los Estados parte de las Naciones Unidas; de igual manera, se ha formado una falsa opinión al público al considerar a la nación sudamericana como el paraíso de la mariguana impulsado industrias prósperas de producción y distribución. La verdad es que el control de la planta en el Uruguay trae más dudas que beneficios; los productores estarán sometidos a una vigilancia férrea en los ámbitos sanitarios y tributarios; las plantaciones estarán directamente bajo la autoridad de los ministerios de Salud y de Agricultura quienes señalarán los límites y extensiones en el número de hectáreas cultivables; el consumo personal de cannabis se limita a 40 gr, no se especifica si son diarios, así como la constitución y fortalecimiento Instituto Nacional del Cannabis, órgano asesor y rector de las actividades de plantación, cultivo, cosecha, producción, elaboración, acopio, distribución y expendio de la mariguana. Tal control, llevaría, de primera mano, a engendrar más corrupción con el fin de vencer las limitaciones de la ley y burlar los controles estatales.
Los copistas mexicanos quieren emular los pasos de los vecinos para poner en la mesa de la “sana democracia” un debate desesperanzador, absurdo y contraproducente. Pretender la legalización de la mariguana es ofrecer un placebo para apaciguar las dolencias de la destrucción social y del grave problema de salud pública que representa el consumo de drogas en este país; sus principales defensores, políticos de antaño que prometieron cambiar a México, admiten que la legalización bajaría los precios acabando con las millonarias utilidades de los cárteles que sirven para corromper y reclutar reduciendo los efectos de la violencia; no obstante, la experiencia internacional enseña que los países donde se ha legalizado la mariguana están muy lejos de haber conseguido esos objetivos de mejoría creando sociedades enfermas e inestables pagando altos costos por la manutención, cuidado y protección de los adictos. Además, los grandes flujos del tráfico de drogas en las potencias económicas no han detenido el mercado de la muerte donde los más vulnerables, como siempre, llevan las consecuencias más desastrosas.
Resulta inconcebible que la Ciudad de México sea lugar para este experimento del liberalismo político donde lo inmoral quiere ser moral falsamente. De nuevo, afrontamos el riesgo de ver a la capital del país bajo la nefasta ideología que acabó con el concepto del matrimonio, aceptó aniquilar la vida en el vientre materno e impulsa el comercio del cuerpo humano. Ahora, quieren hacer de la Ciudad de México el mejor espacio de los mercaderes de la muerte, aún cuando digan que actúan en la legalidad, y engrosar sus abultadas carteras y cuentas ofreciendo espejitos de colores a cambio de la salud y seguridad.
En 2012, el Papa Benedicto XVI, durante su visita a Mexico, advirtió de la gran responsabilidad de la Iglesia para desenmascarar el mal, desenmascarar la idolatría del dinero, desenmascarar las falsas promesas, la mentira y la estafa que están detrás de las drogas. Y es precisamente lo que la Iglesia enseña sobre esta apertura y legalización: “¿Es aceptable crear una sub-clase de seres humanos vivos, en un nivel infrahumano, como se ve, por desgracia, en las ciudades donde la droga se vende libremente? (…) La legalización de las drogas conlleva el riesgo de efectos opuestos a los que se buscan. En efecto, se admite fácilmente que lo que es legal es normal y, por tanto, moral. Cuando se legaliza la droga, lo que queda liberalizado no es el producto, lo que se convalida son las razones que llevan a consumir ese producto… Lo que está en juego es el destino de las personas”. (2001, Pontificio Consejo Para la Pastoral de la Salud. Iglesia y adicción a la drogas).