Los peligros de la “Nueva Era”. A 16 años de la Instrucción del arzobispo Norberto Rivera Carrera

Todo el mensaje del New Age se reviste de un optimismo desbordante y se resalta lo positivo, lo fácil y lo inmediato de la transformación que propone. No es de maravillarnos, por tanto, que precisamente en estos años, su difusión a nuestro alrededor haya sido tan amplia. Por todas partes observamos que las librerías, las tiendas, los cursos y talleres, los retiros espirituales, las películas y los programas de televisión que promueven los contenidos y valores del New Age se multiplican… e inclusive en la predicación y enseñanza religiosa de instituciones católicas con creciente frecuencia.
Instrucción sobre la Nueva Era. 7 de enero, 1996
Guillermo Gazanini Espinoza. 11 de enero.- El 7 de enero de 1996, el arzobispo Norberto Rivera Carrera dio a conocer su primera Instrucción pastoral a la Iglesia de la arquidiócesis de México. Bajo el título de “Instrucción Pastoral sobre el New Age”, complementada con una serie de preguntas y respuestas, el arzobispo definió los peligros generados por una extraña mezcla entre cristianismo y la ideología de la Nueva Era debido al fin del siglo y la proliferación de corrientes que pregonaron la Era dorada de Acuario ante el cambio del milenio.
Dieciséis años después, el panorama no es tan afortunado. Muchos católicos han caído en este sincretismo novaeriano que presume de falsa inocuidad. Todos los días, en el menor de los casos, esos bautizados leen ávidamente el destino deparado por los astros en su horóscopo; otros, alegan una supuesta aprobación de la Iglesia al culto exagerado a las creaturas espirituales y las miríadas de arcángeles, ángeles y serafines con nombres, tareas y cargos esotéricos que sólo los iniciados pueden saber gracias a las iluminaciones y revelaciones particulares. La advertencia se dirigía, por otro lado, al uso de los métodos de New Age aceptados en las comunidades católicas, desplazando la mística cristiana y suplantándola por yoga orientalista, reiki o meditación trascendental bajo la máscara de novedosas técnicas llevarían al conocimiento de Cristo y a la comprensión del cosmos.
Advirtiendo lo anterior, la Instrucción definió que “dentro del marco del New Age la revelación de Dios en Jesucristo pierde su carácter singular e irrepetible. Muchos serían los 'mesías' que han aparecido a lo largo de la historia, es decir, maestros especialmente iluminados que se presentan para guiar a la humanidad. Krishna, Buda, Jesús, Quetzalcóatl, Mahoma, el Sun Myung Moon, Osho, Sai Baba e innumerables otros serían profetas de una misma talla con un mismo mensaje. El cristianismo resulta ser poco más que un periodo pasajero de la historia”.
No obstante el paso del tiempo, la multiplicidad de sectas y cultos extraños han ido penetrando en la arquidiócesis ofreciendo un mercado atractivo que satisface la individualidad de acuerdo a las necesidades religiosas. Santería, grupos gnósticos, esoterismo, ecologismo, irenismo o la pseudomística han sido aceptados creyendo en una asimilación afortunada con el catolicismo haciendo de la fe cristiana un producto a modo, tal vez el ejemplo más preclaro sobre esta nueva forma de religiosidad ha sido el de los así llamados grupos “cristianos” que se han plantado en la máxima de “Jesucristo sí, Iglesia no”.
Los grupos promotores de esta religiosidad alternativa de la Nueva Era no han tomado el edificio por asalto; poco a poco, ladrillo por ladrillo y piedra por piedra, han intentando desmantelar la estructura religiosa de una tradición católica añeja en nuestra nación. Gnósticos, miembros masónicos y adeptos a cultos y nuevos movimientos religiosos, hablan del descubrimiento y de la iluminación recibidos compartiéndolos con otros y afirmando que esas “ciencias” están abiertas a todos sin importar credo religioso alguno. Esto es señalado en la Instrucción del arzobispo Norberto Rivera Carrera al aseverar que “los promotores de la espiritualidad del New Age suelen afirmar su absoluta compatibilidad con la doctrina y la fe de los católicos. Eso podría ser en algún caso por ignorancia o por superficialidad. Pero en general, por lo menos en México, probablemente nace de un estudio de mercado: siendo el pueblo mexicano mayoritariamente católico se procura no herir la sensibilidad religiosa de los clientes potenciales. No es raro que organizaciones como la Gran Fraternidad Universal y programas como el Control Mental Silva, por nombrar algunas, se encubran con un vocabulario muy 'cristiano' y que presenten sus contenidos como el complemento ideal al catolicismo y que, sin embargo, lleven a sus adeptos hacia el panteísmo y la negación de la esencia del cristianismo”.
En esencia, el documento señala las causas concretas de incompatibilidad del cristianismo con la Nueva Era al despersonalizar al Dios de la revelación cristiana y deformar la persona de Jesucristo, negando el hecho de su resurrección para suplantarla por el reencarnacionismo; evidentemente, la Nueva Era rechaza todo magisterio, relativiza los contenidos del Evangelio y niega, entre otras cosa, la realidad del pecado, de la creación, de la salvación y de la intervención de Dios en la historia humana. Sus promotores son conocidos y bien identificados, “desde una brujita que hace limpias en la pirámide del Sol en Teotihuacan, hasta famosas personalidades en los medios de comunicación que se dedican a temas de esoterismo comercial y popular” Y desde luego, las organizaciones internacionales, algunas poderosas en recursos económicos como las sociedades teosóficas, la secta Nueva Acrópolis, el Control Mental Silva, la Meditación Trascendental, la Gran Fraternidad Universal, y la Cienciología.
En el Año de la Fe, que recuerda los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II y de los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, es importante una relectura de esta Instrucción. Hoy, el relativismo y el eclecticismo han llevado a muchos a las falsas esperanzas que impiden el conocimiento del Evangelio en todo su esplendor. El Concilio Vaticano II abrió una puerta magnífica para que el Evangelio penetrara a cada ser humano haciendo posible el conocimiento del Dios revelado por Cristo a través de una Iglesia madre y maestra, depositaria del tesoro de la fe. Las palabras del santo padre Benedicto XVI en el motu proprio “Porta Fidei” por el que se convoca al Año de la Fe (2012-2013) quiere lograr un redescubrimiento de este patrimonio católico para tener “de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51)… La enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna» (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación” (No. 3).