“Quiero ser jefe de Estado no de facción”: López Obrador a obispos de México
Cuautitlán Izcalli, Estado de México / SIAME. 19 de abril.- En el segundo día de encuentro con los candidatos a la presidencia de México, los obispos católicos reunidos en la 93 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), recibieron a Andrés Manuel López Obrador, candidato por el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano (PRD-PT-MC).
En el encuentro de hora y media frente al pleno de jerarcas católicos del país, López Obrador expuso su proyecto de nación y el análisis sobre los últimos 29 años de políticas neoliberales “política que fue la que causó esta decadencia”. Refrendó su rechazo a la privatización de PEMEX y de la educación, resaltó la necesidad de promover los valores universales y el diálogo “con todos”; y recordó su propuesta de retomar la Cartilla Moral de Alfonso Reyes como un modelo ético y laico para la conciencia de la nación.
En su intervención, insistió en que su candidatura representa el cambio verdadero, “los otros tres candidatos representan más de lo mismo y ustedes saben que las cosas no van bien, ustedes son testigos de calidad de esto… y a nadie conviene que el régimen siga”, dijo a los obispos.
“Sostenemos que hace falta una renovación de la vida pública. No vemos salida si no cambia el mismo régimen de corrupción y de privilegios”, sentenció; y argumentó que el cambio que propone no es sólo por convicciones morales sino por juicio práctico.
Propuso el modelo de austeridad, combate a la corrupción y reforma fiscal como respuesta a la falta de inversión estructural, a la pobreza y al desarrollo social. Austeridad porque el 61 por ciento del Producto Interno Bruto se va a gasto corriente; combate a la corrupción “porque no queremos que se convierta en una cultura”; y la reforma fiscal de impuestos progresivos “para que paguen más quienes más tienen”.
Cuestionado sobre el cambio de discurso hacia una postura más moderada y “amorosa” como él propone, López Obrador reconoció: “todos cambiamos, ¿cómo no vamos a cambiar con todo lo que está ocurriendo?” pero señaló que no dejará de señalar las injusticias “también la verdad se puede decir con amor”. A pregunta expresa dijo que las campañas negativas en la reciente contienda electoral “son juegos de niños, no son nada comparadas con la que me hicieron en el 2006… cuando me llamaron un peligro para México”.
Al llegar al punto de las preguntas sobre las uniones y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y el aborto, el candidato de las denominadas izquierdas insistió en que hay problemas más importantes que requieren definición como la pobreza, la seguridad y la injusticia social; “pero si hubiese necesidad de definir en un tema de esta naturaleza, yo consultaría al pueblo, la democracia es el pueblo. Podría yo ganarme el aplauso si dijera aquí algo y ganar en aplauso en otro lado al decir lo contrario, pero no lo voy a hacer, quiero ser jefe de Estado no de facción o de grupo, no voy a imponer nada”.
Esta es la segunda ocasión que López Obrador se presenta frente a los obispos católicos durante su campaña electoral por la presidencia de la República; los resultados de la elección anterior, en el 2006, fueron rechazados por el candidato y argumentó la realización de un fraude electoral y la imposición del presidente actual, Felipe Calderón. En este sentido, los obispos le cuestionaron si respetaría los resultados de las elecciones este 2012 aún si no le son favorables. López Obrador respondió “si son elecciones limpias y aún así la gente quiere más de lo mismo, si se da una especie de masoquismo colectivo, pues ni hablar”.
En el encuentro de hora y media frente al pleno de jerarcas católicos del país, López Obrador expuso su proyecto de nación y el análisis sobre los últimos 29 años de políticas neoliberales “política que fue la que causó esta decadencia”. Refrendó su rechazo a la privatización de PEMEX y de la educación, resaltó la necesidad de promover los valores universales y el diálogo “con todos”; y recordó su propuesta de retomar la Cartilla Moral de Alfonso Reyes como un modelo ético y laico para la conciencia de la nación.
En su intervención, insistió en que su candidatura representa el cambio verdadero, “los otros tres candidatos representan más de lo mismo y ustedes saben que las cosas no van bien, ustedes son testigos de calidad de esto… y a nadie conviene que el régimen siga”, dijo a los obispos.
“Sostenemos que hace falta una renovación de la vida pública. No vemos salida si no cambia el mismo régimen de corrupción y de privilegios”, sentenció; y argumentó que el cambio que propone no es sólo por convicciones morales sino por juicio práctico.
Propuso el modelo de austeridad, combate a la corrupción y reforma fiscal como respuesta a la falta de inversión estructural, a la pobreza y al desarrollo social. Austeridad porque el 61 por ciento del Producto Interno Bruto se va a gasto corriente; combate a la corrupción “porque no queremos que se convierta en una cultura”; y la reforma fiscal de impuestos progresivos “para que paguen más quienes más tienen”.
Cuestionado sobre el cambio de discurso hacia una postura más moderada y “amorosa” como él propone, López Obrador reconoció: “todos cambiamos, ¿cómo no vamos a cambiar con todo lo que está ocurriendo?” pero señaló que no dejará de señalar las injusticias “también la verdad se puede decir con amor”. A pregunta expresa dijo que las campañas negativas en la reciente contienda electoral “son juegos de niños, no son nada comparadas con la que me hicieron en el 2006… cuando me llamaron un peligro para México”.
Al llegar al punto de las preguntas sobre las uniones y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y el aborto, el candidato de las denominadas izquierdas insistió en que hay problemas más importantes que requieren definición como la pobreza, la seguridad y la injusticia social; “pero si hubiese necesidad de definir en un tema de esta naturaleza, yo consultaría al pueblo, la democracia es el pueblo. Podría yo ganarme el aplauso si dijera aquí algo y ganar en aplauso en otro lado al decir lo contrario, pero no lo voy a hacer, quiero ser jefe de Estado no de facción o de grupo, no voy a imponer nada”.
Esta es la segunda ocasión que López Obrador se presenta frente a los obispos católicos durante su campaña electoral por la presidencia de la República; los resultados de la elección anterior, en el 2006, fueron rechazados por el candidato y argumentó la realización de un fraude electoral y la imposición del presidente actual, Felipe Calderón. En este sentido, los obispos le cuestionaron si respetaría los resultados de las elecciones este 2012 aún si no le son favorables. López Obrador respondió “si son elecciones limpias y aún así la gente quiere más de lo mismo, si se da una especie de masoquismo colectivo, pues ni hablar”.