Hemos entrado a la semana santa...

Guillermo Gazanini Espinoza / 2 de abril.- Este domingo 1 de abril, no sólo movimos una hora adelante las manecillas del reloj para llevarnos de un tiempo a otro, también entramos al impás de contemplación de los misterios de nuestra fe, la pasión dolorosa, la muerte ignominiosa y la resurrección gloriosa de nuestro Salvador.
La dinámica cuaresmal nos ha hecho profundizar sobre nosotros mismos, la precariedad de la carne y lo transitorio de este mundo. El cristiano debe estar en vela para sacar de sí las fuerzas y, por la gracia, asociarse a Jesucristo en su resurrección. En medio de las tribulaciones, la carencia del significado por estos hechos y el relativismo que minimiza este estupor, el domingo de ramos celebrado nos sitúa no como simples espectadores, sino protagonistas en la recepción del Rey que no cabalga sobre corcel brioso. El Rey viene, todos le aclamaron y, varón de dolores, es abandonado sintiendo, en el madero de la cruz, la soledad más horrenda que cualquier ser humano haya sufrido en los momentos más dramáticos.
No sólo nuestra rutina deja de serlo por el hecho de unos días libres para vacacionar; en el ritmo del cristiano, la rutina queda suspendida por la meditación y contemplación de un misterio que, a pesar de todo, causa impacto, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, el misterio de la cruz y de la resurrección. Esta mañana, ante los fieles, el arzobispo de México advertía sobre nuestra posición al iniciar la semana mayor: "hemos entrado a la Semana Santa, de nosotros depende cómo queremos entrar en la Pasión de Cristo: Como el Cirineo que se acerca a Jesús y hombro con hombro quiere ayudar a cargar la cruz; como las hijas de Jerusalén que lloran al ver pasar al condenado; como el centurión que se golpea el pecho y reconoce que el crucificado verdaderamente es el Hijo de Dios; como María silenciosa junto a la cruz de su hijo o como Judas, o Pedro, o Pilato o como la multitud que mira desde lejos simplemente para ver cómo termina la tragedia".
Y esta posición, sea protagónica o de reparto, hará en nosotros el surgimiento de un ser nuevo que ha dejado al hombre viejo para levantarse con Cristo y en Cristo ser resucitado.