Busca lo celestial y evita lo terreno



¡Feliz miércoles! Nos toca despedir este mes de octubre y buscando con quién hacerlo se me ha dado la oportunidad de fijar nuestra atención en una obra muy poco conocida de un gran maestro, que de vez en cuando aparece por estos lares porque, sinceramente, es una de mis debilidades. ¿Y de quién no?, pensarás cuando leas a quién me estoy refiriendo. Se trata de uno de los compositores más importante de la historia cuya música nos da tanta satisfacción que siempre nos queda corta.



Ese asiduo visitante nos es otro que Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), maestro austríaco nacido en Salzburgo. En la víspera de Navidad de 1781 el emperador José II convocó a Mozart a un concurso de piano con Muzio Clementi, otro famoso intérprete italiano. El salzburgués ganó el concurso y el emperador también ganó una apuesta con una princesa rusa porque había apostado por Mozart. Sin embargo, Mozart no consiguió tener ningún puesto en la corte ya que el puesto de maestro de música del heredero al trono, en futuro Francisco II, le fue concedido al gran rival de Mozart, Antonio Salieri. Mozart quedó obviamente desilusionado por ello y dijo: «El emperador me ha consentido puesto que para él no hay nada sino Salieri». Es conocido también que Mozart terminaba la composición de sus conciertos para piano poco antes del estreno, de forma que mucho quedaba en su cabeza y no lo escribía, aunque sí lo interpretaba. Esto también fascinaba al emperador que una vez le escribió en una carta: «¡Bravo, Mozart!».

Mozart nos ofrece hoy su Recitativo y aria «Ergo interest», KV 143, para soprano y orquesta. Data de 1770 y fue escrita en Milán. No hay duda de que es una composición pensada con la ópera en mente; es más, con la ópera italiana en mente pero sin dejar ese estilo italiano. El estilo está tan bien conseguido que de él no puede deducirse automáticamente la autoría de la pieza. Sabemos que es de él porque Leopold Mozart menciona dos motetes compuestos para sendos castrados. Se conserva un manuscrito muy limpio y sin casi erratas. No es una de las piezas más deslumbrantes del maestro pero sin duda es una muestra de su buen hacer con respecto a la música religiosa.

La partitura de la composición puedes conseguirla aquí.

La interpretación es de Barbara Bonney (soprano) y el Concentus Musicus dirigido por Nkolaus Harnoncourt.

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