Dios te salve, Reina y Madre



Así comienza el conocidísimo texto de la Salve que es lo que te traigo hoy. La música mariana abunda en todas las épocas, desde las más antiguas hasta las modernas. La Virgen tiene el indudable atractivo que ha hecho que los grandes compositores le dediquen algunas de sus mejores obras, como la de hoy.

Es de Jacob Obrecht (1457/8-1505), maestro neerlandés nacido en Gante. En las décadas de 1480 y 1490 fue uno de los maestros más importantes en el género de la misa cíclica, de las que escribió casi una docena. Además de esas misas, compuso gran cantidad de motetes y otras obras que circulaban por Europa en su época. En el final de su vida, a comienzos del XVI, el nombre de Jacob Obrecht solía aparecer casi siempre junto al de Josquin Desprez, como prueba de la calidad de ambos maestros. Es imprescindible tener en cuenta el nombre de Obrecht a la hora de estudiar la evolución de la polifonía en ese trascendental paso de la Edad Media al Renacimiento, plagado de nombres que forman una gloriosa cadena.

Del maestro Obrecht hoy te traigo su Salve Regina, a 4 voces. En la obra, de en torno a 1480, se empieza a apreciar la influencia de Josquin en la obra de Obrecht. El maestro, que se sepa, compuso tres salve regina, para tres, cuatro y seis voces. Como puedes ver, la obra está compuesto con el canto llano en alternancia con la polifonía. La obra también se conoce como "Vita dulcedo" debido a que con esas palabras empieza la polifonía. La presencia de instrumentos que doblan las voces no hace sino reforzar la belleza y la profundidad de la obra, una de las más impresionantes del siglo XV.

La partitura de la pieza la tienes aquí.

La interpretación es del Currende Consort junto con la Capella Sancti Michaelis dirigidos por Erik Van Nevel.

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