Oh, gloriosa Señora



¡Feliz sábado! Música mariana para este día, ¿te apetece? Si repasamos la semana vemos que nos ha quedado algo contemporánea. La empezábamos con Berio y vamos a casi terminarla este sábado en Italia, porque mañana vendrá como siempre la música de Bach. Sin embargo, para el día de hoy he elegido una composición de un maestro que podemos decir que es un perfecto desconocido. Yo solo he escuchado de él la obra que te traigo. Espero encontrarme con alguna más de él.



Estoy aludiendo a Ignazio Donati (c. 1570-1638), maestro italiano nacido en Casalmaggiore. Fue maestro de capilla de la catedral de Urbino y luego pasó por diversas catedrales hasta ostentar el mismo puesto en la de Milán en 1631. Por tanto, vemos cómo su carrera poco a poco fue ascendiendo hasta conseguir prestigiosos puestos. Su producción se reduce prácticamente a la música religiosa pero con una especial invención en toda la música que compuso, sobre todo en el llamado «motete concertato», compuesto a pequeña escala para voz y continuo. Era un especialista en música que se podía adaptar a diversos medios. Por ejemplo, en sus motetes a cuatro voces podía omitir las intermedias. Igualmente experimentó situando la voz a cierta distancia del órgano, así como con una disposición poco habitual de los coros, como escribió en el prefacio de sus motetes de 1636. Solía componer una música optimista, con cambios emocionales muy llamativos y un cromatismo también lleno de intensidad.

Un ejemplo de ello es su motete O gloriosa Domina. Pertenece a su colección «Flores praestantissimorum». Donati especifica que este motete puede ser interpretado por dos voces o por una sustituida por un instrumento «à modo di ecco». En la interpretación que te ofrezco se hace así, usando una corneta. Se trata de un instrumento ideal para ese eco. Donati explota aquí la relación entre las dos voces. La declamación está al servicio de la expresión del texto, cantando este las alabanzas a la Virgen como Señora de cielo y tierra. Una obra que podemos calificar como refrescante y llena de ese estilo que comenzaba a florecer en el Barroco con una fuerza muy especial.

La interpretación es de Agnes Coakley (soprano), Nathaniel Cox (cornetto), David Blunden (órgano) y Sam Chapman (tiorba).

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