Mi corazón no puede morir



¡Feliz martes! La música de hoy salió de las manos de una pionera porque, aunque me gusta mantener el misterio en esta introducción, hoy te adelanto que la música para este día estará compuesta por una mujer. Seguramente te llamará la atención que te hable de mujer pionera sobre todo cuando veas a la época a la que pertenece pero así es. La historia nos depara siempre agradables sorpresas, ya sea en biografías, composiciones o algunos hechos, como es el caso de hoy. ¿Te apetece?



Si es así, vamos a quedarnos en compañía de Maddalena Casulana (c. 1544 -1566–83), compositora italiana nacida probablemente en Casole d'Elsa, que está cerca de Siena. Se dedicó a componer, a tocar el laúd y a cantar y te diré que fue pionera porque fue la primera mujer de la historia cuya música fue publicada. Su apellido nos puede dar algún indicio de su lugar de nacimiento pero en 1569 era conocida como Vicentina. Desde su temprana edad mostró su resolución por ser compositora, cosa que logró con esfuerzo y mucho temple. Su voz y su arte tocando el laúd eran legendarios. En 1582, Giambattista Crispolti, tras asistir a un banquete en Perusa, dijo: «La Casolana famosa... cantò al liuto di musica divinamente» (creo que no necesita traducción). Sus madrigales muestran una gran creatividad e ingenio, tanto en el texto como en el uso de la armonía y con las disonancias. Usa diversas alteraciones cromáticas y distintos giros armónicos inesperados que nos encantan y hacen de su música algo totalmente delicioso.

Hoy te ofrezco Morir non può il mio cuore, en versión para voz y laúd, obra que seguro ella misma cantó muchas veces. Destaca cómo la maestra se amolda al texto como si de un guante se tratase. La compositora consigue el unísono en la palabra «cuore», describiendo la unidad de corazones. El clímax se alcanza en la tercera frase, en la parte aguda. Un bajo algo agitado sobre «fuore», nos nuestra ese fuego que sale del corazón, tan bien descrito por Casulana. Las cadencias son relajadas y con sutiles cromatismos en «morreste», es decir, morir. Luego aparecen pasajes imitativos en las voces interiores también para crear cadencias y de nuevo para observar cómo el texto está al servicio de la música y esta compuesta para el texto. El final del madrigal llega con la misma belleza con la que empezó dejándonos con ganas de escucharlo otra vez.

La partitura de la obra puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Annemiek van Zeben (alto) y Paula Quint (laúd).

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