"En Guatemala, el derecho a la alimentación, sana y nutritiva, no se cumple" Cardenal Ramazzini: "Dios nunca se equivoca y esto puedo verlo con lo que el Papa Francisco es y hace"

Papa Francisco y el cardenal Ramazzini
Papa Francisco y el cardenal Ramazzini

"Aparte de la violencia que produce la pobreza, en el país enfrentamos la situación de una violencia continuada, expresada en extorsiones, en amenazas de muerte de parte de los grupos de pandillas juveniles muy organizadas, llamadas 'maras'"

"Debo mencionar el papel funesto que en esta situación ha jugado la así llamada 'Fundación contra el Terrorismo'. Organización que se afana en acusar y enviar a la cárcel a jueces honestos y a líderes de los Derechos humanos"

"Prefiero hablar del gran fracaso (de los Acuerdos de Paz): no se cumplieron en su totalidad. Poniendo esto en términos matemáticos, me atrevería a decir que un 25% de los mismos se han cumplido"

"No debemos hacer caso de las voces de los sectores que no viven en este espíritu de la sinodalidad. La acción del Espíritu Santo nadie puede frenarla"

Monseñor Álvaro Leonel, Cardenal Ramazzini, es obispo de Huehuetenango, una diócesis eminentemente indígena. Es reconocido no solamente en Guatemala sino también en toda América Latina, como un pastor valiente, defensor de los derechos humanos, que son derechos divinos, porque cada ser humano es imagen viviente de Dios. El cardenal Ramazzini es un hombre de Dios y del pueblo. Su opción por los más desfavorecidos, los campesinos e indígenas, y su actitud de denuncia profética de las injusticias, le ha valido multitud de críticas de los sectores poderosos del país. Él no se deja amedrentar. La fe en el Resucitado es la fuerza que alienta su vida y su compromiso de hacer presente en la historia el reino de Dios. De paso por España, nos concedió esta entrevista exclusiva.

¿Cuál es la situación actual de Guatemala respecto a los Derechos Humanos, la pobreza, la migración, la inseguridad…?

Debo decir que la situación, a pesar de la firma de los Acuerdos de Paz que nos dieron la esperanza de cambios fundamentales para nuestro país, ha empeorado. Una señal del aumento de la pobreza, aunque también hay otras razones, es el aumento desmesurado de guatemaltecos que buscan irse a Estados Unidos a pesar de las restricciones impuestas por el gobierno de ese país. Guatemala tiene una población mayoritariamente joven y es triste verificar que los niveles de desempleo han aumentado, lo cual apaga las aspiraciones de esta población joven que quiere un futuro de prosperidad y bienestar. 

Cardenal Ramazzini, Fernando Bermúdez y su mujer
Cardenal Ramazzini, Fernando Bermúdez y su mujer

Debo decir también que, aunque Guatemala es signataria de los DESC (Convenio firmado por Guatemala ante la OIT) el derecho a la alimentación, sana y nutritiva, no se cumple. Esto no solamente en el área rural sino de modo especial en los pueblos indígenas. El índice de desnutrición crónica infantil en niños y niñas de uno a cinco años es muy alto. UNICEF lo ha verificado y esto es inadmisible en un país que es el tercer exportador de azúcar a nivel de América Latina. Esto significa que en Guatemala el problema del uso y tenencia de la tierra no ha sido resuelto de modo que grandes mayorías sufren la escasez de una alimentación sana y nutritiva. Todo esto sin mencionar las situaciones de explotación laboral que todavía se dan en algunas regiones del país en las fincas. Guatemala nunca ha tenido una verdadera reforma agraria y en algunos sectores hablar de ese tema suena todavía a comunismo.

En estos años, aparte de la violencia que produce la pobreza, en el país enfrentamos la situación de una violencia continuada, expresada en extorsiones, en amenazas de muerte de parte de los grupos de pandillas juveniles muy organizadas, llamadas “maras”. El daño que estas maras hacen al país es muy grande y aunque muchos de sus cabecillas están en prisión logran mantener un control desde la cárcel misma. Esto plantea una situación que debe ser mencionada: la necesaria reforma del sistema penitenciario en el país. Pero esto merecería un artículo aparte.

En este contexto debo mencionar que la situación de algunos jueces que buscan actuar de acuerdo a los principios éticos, los ha obligado a salir del país pues el mismo sistema legal mal utilizado se revierte contra ellos. Debo mencionar el papel funesto que en esta situación ha jugado la así llamada “Fundación contra el Terrorismo”. Organización que se afana en acusar y enviar a la cárcel a jueces honestos y a líderes de los Derechos humanos.  

Considero que el sistema de aplicación de la justicia y la justicia misma ha perdido credibilidad en el pueblo guatemalteco y lamentamos tener una Corte Suprema de Justicia que desde hace tres años debería haber sido cambiada, decisión que el actual Congreso de la República no ha tomado. A mi juicio, en un país en el que la población no tiene confianza en la aplicación del sistema legal, prevalece el derecho de los más fuertes y la institucionalidad se resquebraja.

Las víctimas de la violencia
Las víctimas de la violencia

No puedo dejar de mencionar la presencia de una lacra que debilita nuestra democracia: la corrupción, en la que el crimen organizado y el narcotráfico han encontrado un poderoso aliado siendo ellos mismos sus promotores.

Los Acuerdos de Paz fueron una esperanza para la sociedad guatemalteca porque ofrecían la oportunidad de sentar las bases para lograr una sociedad incluyente, democrática y respetuosa de los Derechos Humanos.  ¿Cuáles han sido sus logros y sus fracasos?

Prefiero hablar del gran fracaso: no se cumplieron en su totalidad. Poniendo esto en términos matemáticos, me atrevería a decir que un 25% de los mismos se han cumplido. Sin embargo, personalmente debo decir que el daño mayor ocasionado por este incumplimiento ha sido la desilusión y la frustración del pueblo. Fue difícil el proceso de la firma de los Acuerdos de Paz en el que la Conferencia Episcopal tuvo un papel muy importante. Sin embargo, las esperanzas que originaron quedaron frustradas al verificar su incumplimiento por parte del Estado de Guatemala. 

Si al menos un 80 por ciento de dichos Acuerdos se hubieran cumplido, la situación actual del país sería muy diferente.

Dichos acuerdos hubieran ayudado, entre otros buenos resultados, a que el modelo económico predominante hubiera sido sustancialmente cambiado. Hoy en día este modelo económico neoliberal se mantiene y por ello la presencia de empresas extranjeras que buscan extraer el oro y la plata y otros minerales del país, empresas amparadas por una ley que ya debería ser cambiada, producen conflictividad y desasosiego en las comunidades afectadas. En el momento actual poblaciones del oriente del país, han logrado, con sus consultas populares, frenar estas iniciativas de las industrias extractivas pero desafortunadamente el Congreso de la República no ha modificado la Ley respectiva y con ello la conflictividad está latente. Esto demuestra la debilidad de una democracia que no es real ni participativa. 

Sínodo

¿Cómo evalúa, desde América Latina, y concretamente desde Guatemala, el proyecto de Sinodalidad al que el Papa Francisco ha convocado a la Iglesia universal?

Nada pasa por casualidad. Lo queramos o no lo queramos, hay un plan de Dios sobre la humanidad y en este contexto, al Papa, sucesor de Pedro y a nosotros obispos, en razón de nuestro ministerio nos toca discernir los signos de los tiempos. Discernimiento que no es propiedad nuestra. Es obligación y responsabilidad de todo el Pueblo de Dios.

 Una realidad histórica muy decisiva en la historia de la Iglesia y del mundo fue sin duda alguna la celebración del Concilio Vaticano II. En América Latina no puedo dejar de mencionar las Conferencias del Episcopado de América Latina y del Caribe. La última de ellas: la Conferencia de Aparecida, en Brasil.

Estas Conferencias han sido un hito muy importante que ha ayudado a que la Iglesia, pueblo de Dios, no solamente en la región latinoamericana sino en todo el planeta, se muestre como lo que es y debe ser: luz y sal, según la voluntad del Señor. Desde esta experiencia histórica para nosotros en América Latina y el Caribe, la decisión e invitación del Papa Francisco a convocar un Sínodo sobre la Sinodalidad,  no nos extrañó demasiado, aparte que habíamos iniciado ya  un proceso “sinodal” con la celebración, unos meses antes del anuncio del Sínodo, de la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe, convocada por el CELAM y obviamente en conocimiento del Papa Francisco.

Como el Papa Francisco lo ha mencionado en diversas ocasiones, la esencia y el talante de la Iglesia católica es sinodal. Ahora, con el proceso ya avanzado, la esperanza es que sigamos caminando con este espíritu hacia la celebración en Roma del Sínodo sobre la Sinodalidad.

Es importante decir que no debemos hacer caso de las voces de los sectores que no viven en este espíritu. La acción del Espíritu Santo nadie puede frenarla.

En el caso de Guatemala, hemos venido caminando en armonía y obediencia a lo propuesto y mandado por la Secretaría del Sínodo. Ya hemos elegido al obispo que nos representará.

Usted fue presidente del SICSAL que surgió a raíz del martirio de San Óscar Romero. ¿Cómo evalúa este movimiento que en España y otros países europeos está representado en los Comités Óscar Romero? ¿Qué significa para la Iglesia latinoamericana y concretamente para Guatemala la memoria de sus mártires?

Si de algo adolecemos los seres humanos es de tener viva una memoria histórica de todo lo que se ha vivido, hechos y personas que han marcado la historia de la humanidad. 

Tenemos en la actualidad una guerra, entre otras. Me refiero a la guerra entre Rusia y Ucrania. El final de la segunda guerra mundial no está muy lejos de nuestros tiempos. Sin embargo, hay diversas guerras ahora en el planeta. Nosotros mismos en Guatemala vivimos una larga guerra y pareciera que las jóvenes generaciones ni se dan por enterados: hay una falta de memoria histórica. Esto es muy grave sobre todo cuando con las palabras decimos y lo escribimos: La historia es la maestra de la vida.

En nuestros tiempos de formación en el Seminario, durante el almuerzo y la cena, ya casi al finalizar, se nos leía el martirologio. Tal vez al escuchar nombres extraños de personas cuyas historias apenas eran esbozadas en esa lectura, su sacrificio y fidelidad al evangelio nos parecían del otro mundo.  La historia no ha cambiado y no cambiará.  Mártires, testigos de la fe sellada con su sangre, los ha habido y los habrá hasta que el Señor Jesús regrese.

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La pregunta que me hago es: ¿este testimonio, entra en el corazón de nosotros, cristianos de ese siglo? ¿Vibra nuestro espíritu al escuchar los relatos martiriales? ¿Nos sigue pareciendo que son relatos de personajes extraterrestres? ¿Nos anima a seguir su ejemplo?

Desde esta reflexión entiendo y alabo la iniciativa de los Comités Oscar Romero pues quienes los conforman no solamente mantienen la memoria viva del santo arzobispo de San Salvador, sino que se constituyen en conciencia viva de lo que deberíamos vivir en nuestro compromiso cristiano.  Es verdad que las situaciones circunstanciales no son las mismas, pero lo esencial se mantiene: la vivencia del seguimiento del Señor Jesús, incluso en la donación de la propia vida, cuando es exigida, no puede considerarse como algo extraño o añadido a mi identidad de discípulo del Señor. Absolutamente no. 

Para nosotros, en Guatemala, aparte del hecho que los mártires interceden por nosotros delante del Señor Jesucristo, su memoria nos fortalece cuando en circunstancias diferentes pero semejantes, debemos tener la valentía de ser testigos vivos en una sociedad que, en muchos aspectos, como lo es la sociedad guatemalteca, se ha olvidado de vivir según el Evangelio. 

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Cómo evalúa el pontificado del Papa Francisco y cuáles considera las reformas más sobresalientes?

La historia lo demostrará más tarde, pero ahora podemos ya verlo: su talante de cercanía y humildad, su insistencia en que seamos una Iglesia misericordiosa, sus enseñanzas, no solamente lo que ha escrito sino sus intervenciones en las audiencias de cada miércoles, sus  viajes de peregrinación  al extranjero, las decisiones de las reformas a la Curia Romana, la manera cómo ha resuelto la problemática de las finanzas del Vaticano, son solamente algunas muestras de su coherencia con el lema de su episcopado: miserando atque eligendo.  No puedo dejar de mencionar su preocupación y las decisiones acordes a ella, cuando ha enfrentado con valentía y responsabilidad la problemática de los abusos contra menores por parte de clérigos o personas de la vida consagrada. Su voluntad de ser constructor de la paz mundial lo ha demostrado fehacientemente, su espíritu ecuménico y las iniciativas tomadas, su apertura y decisión para fortalecer el camino del diálogo interreligioso, su preocupación por el futuro de la humanidad en los temas ambientales, son algunos hechos, rápidamente mencionados, que nos ayudan a entender la calidad de Papa que tenemos. Dios nunca se equivoca y esto puedo verlo con lo que el Papa Francisco es y hace. 

¿Qué caminos de esperanza hay para Guatemala? 

Mencionaré algunos hechos que para mí son señal de esperanza para el futuro:  tenemos en Guatemala una población mayoritariamente joven. Constato que hay una participación más activa de las mujeres, en la vida social, incluida la política. En los pueblos indígenas ha crecido la conciencia de defender sus derechos y cumplir sus obligaciones ciudadanas. La existencia de laicos, hombres y mujeres con una mayor conciencia de su identidad cristiana que los lleva a sentirse corresponsables en la acción pastoral. El aumento de las vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida consagrada. Un clero mayoritariamente joven. El crecimiento en entender y actuar consecuentemente el compromiso entre la fe y las obras. 

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