Domingo 20º TO C (18.08.2013)

JESÚS, REFERENCIA PARA NO PERDER EL RUMBO

Introducción:fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús (Hebr 12,1-4)
Ya dijimos que la última parte de la carta subrayaba su objetivo fundamental: animar la fe de unos cristianos, cansados porque el final no llegaba, y las dificultades crecían. Dentro de las comunidades reverdecían los bajos instintos (dominio, avaricia, afán de sobresalir, rutina, descontrol pasional...). En el exterior acosaba la seguridad de la ley a unos, la coacción imperial y el culto a múltiples dioses a otros. El autor, conocedor de la situación, insiste en la necesidad de perseverar en la fe de Jesús.

El primer versículo compara la vida cristiana a una carrera (“agón”: certamen, lucha). Imagen utilizada por Pablo con frecuencia (1Cor 9,24-26;Gál 2,2; Flp 2,17; 3, 13-14). En esa carrera hay animadores: “la nube ingente de espectadores que nos rodea” (v.1a; lit.: “tal nube de testigos que nos envuelve”); se refiere a los testigos de la fe en el Creador providente citados en el capítulo anterior. Para participar en esta lucha hay que “quitarse lo que estorba y el pecado que nos ata” (v. 1b; lit.: “desechando todo impedimento y el pecado que rodea bien”. La lucha es vivir en Amor. Frena, pues, el apego al dinero, a honores, a dominar... El egoísmo es fácil: es “el pecado que nos rodea bien”. Es ponerse en el centro, creernos el Creador, vivir al margen de la fraternidad, someter todo y a todos a nuestro capricho...

La exhortación a “correr en la carrera que nos toca” (lit.: “la lucha propuesta”) “sin retirarnos” (lit.: “en paciencia”) incluye una condición básica para que la “lucha” sea “cristiana”: “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús” (lit.: “mirando desde lejos -desde todos los lados- hacia el fundador -primer actuante: quien abre el camino- y consumador –perfeccionador- de la fe, Jesús...”. El Jesús real es, pues, el punto de referencia para no perder el rumbo. Es un eco de: “entre vosotros tened la misma actitud (“touto froneite”) del Mesías Jesús: a pesar de su condición divina...” (Flp 2, 5ss).

“Soportar la cruz” es el resumen de la vida de Jesús. Se supone “la cruz” que lleva consigo la vida en Amor. Las palabras siguientes (“renunciando al gozo inmediato”) no tienen interpretación unánime. Algunos traducen: “por la dicha que le esperaba, sobrellevó la cruz”. Ambas son legítimas, aunque esta segunda fuerza algo la preposición “antí” (significación original de “opuesto a”, en lugar de, en vez de, igual que, tanto como, en cambio de, en comparación de, “por, porque”...). La propuesta de Jesús es sin duda la felicidad humana, la bienaventuranza. Dicha felicidad para Jesús se encuentra en vivir el amor como vive la Divinidad: dar vida y calor a todos. Ese es el Reino que pregona y trabaja Jesús y el Padre. Ese reino produce alegría, paz, realización personal y social, etc. La resurrección es el final, que ya se ha realizado en Jesús “sentado a la derecha del trono de Dios”. Pero ahora, en esta vida, tiene los costes de la condición humana, limitada física y espiritualmente. “Recordad (lit.: pensad en) al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo (lit.: para que desanimados no os canséis en vuestras almas). ”. La oposición de los pecadores le puso a Jesús en situaciones de “deshonra e ignominia” que él “no tomó en cuenta” (v. 2b). Vosotros “todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado” (v. 4).

Oración:fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús (Hebr 12,1-4)

Jesús, obediente al Amor hasta la muerte.
Hoy somos invitados a “participar en la lucha de la vida” como tú;
quitándonos lo que estorba y el pecado que nos ata”;
“desechando todo impedimento y el pecado que nos rodea bien”;
desprendiéndonos de acumular bienes de este mundo;
no viviendo a gusto con la enfermedad, la marginación, el hambre, la explotación...;
evitando que “nos hagan reyes”, nos den títulos, nos vistan lujosamente...;
huyendo del dominio, deslumbramiento y brillo sobre los hermanos...

Tú, Jesús, fuiste “probado en todo como nosotros menos en el pecado” (Hebr 4,15):
te rebelaste contra el pecado, que siempre deshumaniza;
renunciaste a ser ángel y fiera, por encima y por debajo de nosotros;
compartiste nuestra naturaleza, “como uno de tantos” (Flp 2, 7);
no descuidabas ni agredías nuestra humanidad;
al contrario, trabajaste para que todos tuvieran salud, pan, abrigo, dignidad, sentido...

Tu fe en el Padre tuyo y nuestro te llevó a realizarte humanamente:
creciendo física, intelectual y moralmente;
viviendo con lucidez y libertad la familia, el trabajo, la relación social y religiosa ...;
sobrellevando la cruz, sin miedo a la ignominia...;
soportando la oposición de los pecadores
”;
oposición de los que prefieren acumular antes que compartir;
oposición de los amigos de la Ley más que de la vida concreta de las personas;
oposición de los fuertes, ricos, ostentosos, que “se hacen llamar bienhechores”...
oposición de los religiosos que creen que cada uno tiene “lo que Dios quiere”;
que el enfermo es castigado por sus pecados o los de sus padres;
que el pobre no merece el favor de Dios que reparte pobreza y riqueza...

Les molestó tu cercanía a todos, especialmente a los marginados;
tus comidas con quienes no respetan las leyes;
el que te saltaras las prescripciones sagradas del ayuno y pureza ritual;
el llamar al templo “cueva de bandidos”;
el decir que los dirigentes religiosos no obedecen a Dios,
sino a la institución y a su encumbramiento personal;
el que ridiculizaras sus vestidos ricos, deslumbrantes, sobresalientes;
el desenmascarar su corazón podrido como un sepulcro hermoso;
el predicar el amor de Dios y hacer lo contrario.

Tu lucha síllegó a la sangre en pelea contra el pecado”;
como siervo fiel del Amor de Dios,
pusiste tu cara como pedernal, sabiendo que no quedarías defraudado” (Is 50,7);
resolviste ponerte en camino para encararte con Jerusalén” (Lc 9,51; J. Mateos-L.A. Schökel);
con semblante duro te encaminaste hacia Jerusalén” (Lc 9,51; Cantera-Iglesias);
afirmándote en tu voluntad de ir a Jerusalén” (Lc 9,51; Biblia de Jerusalén);
tomaste la decisión de ir a Jerusalén” (Lc 9,51; versión litúrgica).
“Ir a Jerusalén” es encararse con el pecado institucionalizado:
el culto fastuoso, aparente, al que ha quedado reducido el proyecto divino;
las categorías de honor y dignidad inventadas por el egoísmo;
el servir a Dios y al dinero;
el consentir la acumulación de bienes (tesoro del templo...) y la miseria del pobre;
el dominio, la imposición del más fuerte, la anulación de libertades...

Esta actitud clara, firme, es el fruto de tu fe en el Amor:
la fe que es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”;
esta fe tuya, vivida, es la que ha despertado nuestra fe;
por eso te reconocemos “pionero y consumador de la fe”;
la fe en el Dios “que hace salir el sol y bajar la lluvia para todos”;
la fe en el Padre que nos ama incondicionalmente;
la fe que no duda nunca de su Amor,
la fe que asegura que, “aunque llegaran a abandonarte todos los santos
y todas las criaturas, Él estará siempre a punto en todas tus necesidades”
(Epístola de san Cayetano a Isabel Porto. 2ª lectura, 7 agosto. Oficio de Lectura).

Que tu Espíritu, tu fe, acompañe nuestra lucha de la vida.

Rufo González.
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