TODOS LOS SANTOS (01.11.2018): El tesoro de la Iglesia
Comentario: “Mirad qué amor nos ha dado el Padre...” (1Jn 3,1-3)
Este fragmento pertenece a la parte de la carta sobre “Dios es Padre y nosotros sus hijos” (2, 29-4, 6). La relación paterno-filial lleva a obrar la justicia del Padre (2,29-3,10), que es Amor (3,11-24), y a aceptar a Jesús que amó como el Padre (4,1-6). Los versículos 1-3 del capítulo 3º invitan a mirar el amor del Padre. Es el estado o situación vital en que viven los cristianos: gracias a la fe en Jesús, “accedemos a esta situación de gracia en que estamos” (Rm 5,2).
Nuestro amor nos delata y nos define
“Mirad qué amor nos ha dado el Padre, al hacer que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”. El Espíritu de Dios libera del egoísmo para servir a la vida humana, como la sirven el Padre y el Hijo (Jn 14,10). “Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios” (Rm 8,14), dirá Pablo. Es decir, Dios nos ama y nos ofrece su Espíritu. Quienes se dejan llevar por él, amando como él, nacen como hijos y son reales hijos de Dios. Cuando no nos dejamos llevar por el Espíritu divino, Dios nos ama igual y nos considera hijos, pero en la práctica no actuamos como hijos. Nuestro dinamismo personal no nace del Espíritu. Abandonamos la casa del Amor y entramos en la del egoísmo. ¿Cómo ser llamados “hijos de Dios” cuando nuestro actuar no nace de su Espíritu? Miremos, pues, cómo es nuestro amor, él nos delata. “En esto conocerán todos que sois discípulos míos...” (Jn 13,35).
El mundo es el reino del egoísmo
“El mundo no nos conoce porque no le conoció a él”. Toda persona, toda institución, aunque sea religiosa [muchos se identifica con esta crítica a la Iglesia:“No critico a la Iglesia por estar alejada del mundo, sino porque es como el mundo, porque se ha contagiado de él. Es un trozo de mundo rociado de ceremonias” -Martín Descalzo: “Lobos, perros y corderos”. Ed. Destino Barcelona 1978, p. 170-], puede estar traspasada de egoísmo hasta anteponer normas, dinero, poder, honor... al bien humano, “figurándose que ofrece culto a Dios dando muerte” al ser humano, hijo de Dios (Jn 16,2). “Si uno posee bienes, y su hermano pasa necesidad, y le cierra las entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). Este es el peligro de la religión centrada en lo “sagrado” como superior y dominador de lo “humano”. Para Jesús lo “divino” está sirviendo a lo “humano”, se abaja hasta la muerte para ofrecer vida y amor.
Esperanza cristiana
“Aún no se ha manifestado qué seremos...” (1,2). Si ser cristiano es asemejarse a Dios, amar como él ama, nuestro futuro será estar con Cristo resucitado, “ver a Dios como es”. “El que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1,3).
Oración: “Mirad qué amor nos ha dado el Padre...” (1Jn 3,1-3)
Jesús resucitado, Hijo de Dios, lleno de su Espíritu:
al celebrar la esperanza cristiana, realizada en los Santos,
“miramos qué amor nos ha dado el Padre,
al hacer que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”.
Ese “amor”, fruto del Espíritu, “nos hace hijos y nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre!;
ese Espíritu le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”;
y nos introduce en “esta situación de gracia en que estamos” (Rm 8,15s; 5,2).
Creemos que el Padre nos ama desde siempre:
“antes de la creación nos eligió para que fuéramos santos e inmaculados por el amor;
destinándonos a ser adoptados por hijos suyos por medio de ti, Jesús Mesías...” (Ef 1,4-5).
El amor del Padre lo hemos conocido en tu vida, Jesús:
“hemos comprendido lo que es el amor porque tú diste tu vida por nosotros;
ahora también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”.(1Jn 3, 16-17).
Hoy, Jesús del amor, somos invitados a “mirar nuestro amor”:
“el mundo no nos conoce, porque tampoco le conoció a él”, a ti, Jesús;
el mundo, enraizado en la codicia, desconoce la gratuidad del amor divino;
el mundo valora a los poderosos y no mira la dignidad común e igual;
el mundo estima el dinero acumulado y oculta la injusticia del desposeído;
el mundo reconoce el brillo de la cultura y el arte, disimulando la opresión.
“Mirad qué amor nos ha dado el Padre”:
amor que hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos;
amor que no divide ni separa, no margina ni excluye a nadie;
amor que abre la puerta a cualquiera que llame...;
amor regalo del Padre dador de vida;
amor fruto del Espíritu divino desde siempre;
amor que te envió, te hizo testigo y portador;
amor sembrado con tus palabras y tus obras.
Este amor es el don de la pascua: “recibid el Espíritu Santo” (Jn20,22):
sin un reproche, sin exigir explicación de su abandono...,
les llevó a los discípulos a sentirse perdonados sin merecerlo;
les trajo paz, alegría, afán de publicarlo a los cuatro vientos;
así soñaron “saber que serían semejantes a Dios porque le verían como es”.
En este amor hemos sido injertados nosotros, discípulos tuyos:
la fe en ti, Jesús resucitado, nos ha introducido en la misma “gracia”;
en nosotros habita tu mismo Espíritu;
sentimos tu misma pasión por la fraternidad y la vida de todos;
tu amor gratuito es nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida.
Este Amor es la única estrategia, “sin trampas ni cartón”:
vivir con las entrañas conmovidas por este Amor;
organizar nuestra vida desde estas entrañas;
elegir las prioridades más necesarias y urgentes para este Amor;
denunciar la ausencia de estas entrañas,
especialmente en quienes presumen verbalmente de ellas;
desechar la venganza, la imposición, la marginación, exclusión...;
identificarnos contigo, Jesús pobre, humilde, marginado hasta el final...
releyendo tu memoria,
celebrando en nuestras reuniones tu vida entregada,
pidiendo al Padre sus entrañas, oración siempre eficaz (Lc 11,13).
Preces de los Fieles (Todos los Santos B 2ª lect. (01.11.2018): El tesoro de la Iglesia
“La inteligencia, la fuerza, el poder, pueden ser sometidos a una estrategia. El amor, no. Mira los santos... Ellos saltaron sobre todas las ataduras. Y es en ellos en quien yo creo cuando hablo de mi fe en la Iglesia. La verdadera Iglesia son sus santos, no su `tinglado´” (Martín Descalzo: “Lobos, perros y corderos”. Ed. Destino. 1978 Barcelona. P. 100). Pidamos vivir como los santos diciendo: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por la Iglesia:
- que mire a Jesús: sus obras, sus amigos, sus pobres...;
- que viva y organice su vida desde el Amor de Jesús.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por los servidores de la Iglesia:
- que nos ayuden a integrar fe y razón para ser cristianos humanizados;
- que puedan ser hombres y mujeres, solteros y casados, según los dones de Dios.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por la promoción de la santidad:
- que cuidemos a las personas más parecidas a Jesús;
- que cultivemos la misericordia, la ayuda, la contemplación evangélica...
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por nuestros difuntos:
- que nos sintamos queridos por ellos desde el cielo;
- que sigamos sus ejemplos de amor desinteresado.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por los enfermos, sin techo, refugiados, víctimas de la injusticia...:
- que sientan la fortaleza de Jesús pobre, perseguido, en cruz...;
- que colaboren con todos los que les cuidan y ayudan.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por esta celebración:
- que nos dé a sentir la comunión de todas las personas buenas;
- que nos contagie el amor de Jesús por todos los necesitados.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
En nosotros habita tu mismo Espíritu. Por eso sentimos tu misma pasión por la fraternidad y la vida de todos. Que tu tu amor gratuito sea nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida. Te lo pedimos a ti, Santo de los Santos, que vives por siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González
Jaén, octubre 2018
Este fragmento pertenece a la parte de la carta sobre “Dios es Padre y nosotros sus hijos” (2, 29-4, 6). La relación paterno-filial lleva a obrar la justicia del Padre (2,29-3,10), que es Amor (3,11-24), y a aceptar a Jesús que amó como el Padre (4,1-6). Los versículos 1-3 del capítulo 3º invitan a mirar el amor del Padre. Es el estado o situación vital en que viven los cristianos: gracias a la fe en Jesús, “accedemos a esta situación de gracia en que estamos” (Rm 5,2).
Nuestro amor nos delata y nos define
“Mirad qué amor nos ha dado el Padre, al hacer que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”. El Espíritu de Dios libera del egoísmo para servir a la vida humana, como la sirven el Padre y el Hijo (Jn 14,10). “Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios” (Rm 8,14), dirá Pablo. Es decir, Dios nos ama y nos ofrece su Espíritu. Quienes se dejan llevar por él, amando como él, nacen como hijos y son reales hijos de Dios. Cuando no nos dejamos llevar por el Espíritu divino, Dios nos ama igual y nos considera hijos, pero en la práctica no actuamos como hijos. Nuestro dinamismo personal no nace del Espíritu. Abandonamos la casa del Amor y entramos en la del egoísmo. ¿Cómo ser llamados “hijos de Dios” cuando nuestro actuar no nace de su Espíritu? Miremos, pues, cómo es nuestro amor, él nos delata. “En esto conocerán todos que sois discípulos míos...” (Jn 13,35).
El mundo es el reino del egoísmo
“El mundo no nos conoce porque no le conoció a él”. Toda persona, toda institución, aunque sea religiosa [muchos se identifica con esta crítica a la Iglesia:“No critico a la Iglesia por estar alejada del mundo, sino porque es como el mundo, porque se ha contagiado de él. Es un trozo de mundo rociado de ceremonias” -Martín Descalzo: “Lobos, perros y corderos”. Ed. Destino Barcelona 1978, p. 170-], puede estar traspasada de egoísmo hasta anteponer normas, dinero, poder, honor... al bien humano, “figurándose que ofrece culto a Dios dando muerte” al ser humano, hijo de Dios (Jn 16,2). “Si uno posee bienes, y su hermano pasa necesidad, y le cierra las entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). Este es el peligro de la religión centrada en lo “sagrado” como superior y dominador de lo “humano”. Para Jesús lo “divino” está sirviendo a lo “humano”, se abaja hasta la muerte para ofrecer vida y amor.
Esperanza cristiana
“Aún no se ha manifestado qué seremos...” (1,2). Si ser cristiano es asemejarse a Dios, amar como él ama, nuestro futuro será estar con Cristo resucitado, “ver a Dios como es”. “El que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1,3).
Oración: “Mirad qué amor nos ha dado el Padre...” (1Jn 3,1-3)
Jesús resucitado, Hijo de Dios, lleno de su Espíritu:
al celebrar la esperanza cristiana, realizada en los Santos,
“miramos qué amor nos ha dado el Padre,
al hacer que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”.
Ese “amor”, fruto del Espíritu, “nos hace hijos y nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre!;
ese Espíritu le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”;
y nos introduce en “esta situación de gracia en que estamos” (Rm 8,15s; 5,2).
Creemos que el Padre nos ama desde siempre:
“antes de la creación nos eligió para que fuéramos santos e inmaculados por el amor;
destinándonos a ser adoptados por hijos suyos por medio de ti, Jesús Mesías...” (Ef 1,4-5).
El amor del Padre lo hemos conocido en tu vida, Jesús:
“hemos comprendido lo que es el amor porque tú diste tu vida por nosotros;
ahora también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”.(1Jn 3, 16-17).
Hoy, Jesús del amor, somos invitados a “mirar nuestro amor”:
“el mundo no nos conoce, porque tampoco le conoció a él”, a ti, Jesús;
el mundo, enraizado en la codicia, desconoce la gratuidad del amor divino;
el mundo valora a los poderosos y no mira la dignidad común e igual;
el mundo estima el dinero acumulado y oculta la injusticia del desposeído;
el mundo reconoce el brillo de la cultura y el arte, disimulando la opresión.
“Mirad qué amor nos ha dado el Padre”:
amor que hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos;
amor que no divide ni separa, no margina ni excluye a nadie;
amor que abre la puerta a cualquiera que llame...;
amor regalo del Padre dador de vida;
amor fruto del Espíritu divino desde siempre;
amor que te envió, te hizo testigo y portador;
amor sembrado con tus palabras y tus obras.
Este amor es el don de la pascua: “recibid el Espíritu Santo” (Jn20,22):
sin un reproche, sin exigir explicación de su abandono...,
les llevó a los discípulos a sentirse perdonados sin merecerlo;
les trajo paz, alegría, afán de publicarlo a los cuatro vientos;
así soñaron “saber que serían semejantes a Dios porque le verían como es”.
En este amor hemos sido injertados nosotros, discípulos tuyos:
la fe en ti, Jesús resucitado, nos ha introducido en la misma “gracia”;
en nosotros habita tu mismo Espíritu;
sentimos tu misma pasión por la fraternidad y la vida de todos;
tu amor gratuito es nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida.
Este Amor es la única estrategia, “sin trampas ni cartón”:
vivir con las entrañas conmovidas por este Amor;
organizar nuestra vida desde estas entrañas;
elegir las prioridades más necesarias y urgentes para este Amor;
denunciar la ausencia de estas entrañas,
especialmente en quienes presumen verbalmente de ellas;
desechar la venganza, la imposición, la marginación, exclusión...;
identificarnos contigo, Jesús pobre, humilde, marginado hasta el final...
releyendo tu memoria,
celebrando en nuestras reuniones tu vida entregada,
pidiendo al Padre sus entrañas, oración siempre eficaz (Lc 11,13).
Preces de los Fieles (Todos los Santos B 2ª lect. (01.11.2018): El tesoro de la Iglesia
“La inteligencia, la fuerza, el poder, pueden ser sometidos a una estrategia. El amor, no. Mira los santos... Ellos saltaron sobre todas las ataduras. Y es en ellos en quien yo creo cuando hablo de mi fe en la Iglesia. La verdadera Iglesia son sus santos, no su `tinglado´” (Martín Descalzo: “Lobos, perros y corderos”. Ed. Destino. 1978 Barcelona. P. 100). Pidamos vivir como los santos diciendo: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por la Iglesia:
- que mire a Jesús: sus obras, sus amigos, sus pobres...;
- que viva y organice su vida desde el Amor de Jesús.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por los servidores de la Iglesia:
- que nos ayuden a integrar fe y razón para ser cristianos humanizados;
- que puedan ser hombres y mujeres, solteros y casados, según los dones de Dios.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por la promoción de la santidad:
- que cuidemos a las personas más parecidas a Jesús;
- que cultivemos la misericordia, la ayuda, la contemplación evangélica...
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por nuestros difuntos:
- que nos sintamos queridos por ellos desde el cielo;
- que sigamos sus ejemplos de amor desinteresado.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por los enfermos, sin techo, refugiados, víctimas de la injusticia...:
- que sientan la fortaleza de Jesús pobre, perseguido, en cruz...;
- que colaboren con todos los que les cuidan y ayudan.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
Por esta celebración:
- que nos dé a sentir la comunión de todas las personas buenas;
- que nos contagie el amor de Jesús por todos los necesitados.
Roguemos al Señor: “Danos el Espíritu Santo” (Lc 11,13).
En nosotros habita tu mismo Espíritu. Por eso sentimos tu misma pasión por la fraternidad y la vida de todos. Que tu tu amor gratuito sea nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida. Te lo pedimos a ti, Santo de los Santos, que vives por siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González
Jaén, octubre 2018