Caprichos vaticanos.

Una de las cosas que yo le recomendaría a Sarkozy es que si tan poco quiere el Vaticano a su embajador, de uno de sus habituales golpes de efecto y retire cualquier embajada ante la Santa Sede al tiempo de emplazar al nuncio de su santidad a regresar a Roma.

Puedo entender que se rechace a un embajador que insulte a la Santa Sede, pero es incomprensible hacerlo con un divorciado o un homosexual. Se trata esta de una política vaticana ridícula para los tiempos que corren, ante la Santa Sede se nombran muchas veces a multitud de ateos o agnósticos para ser embajadores, como Puente Ojea que era agnóstico según unos o ateo según otros y además divorciado.

La arrogancia de ciertos purpurados vaticanos, que parece quisieran alejarse de todos los “apestados” es una vergüenza en nuestra Iglesia. Si Cristo frecuentaba prostitutas, ladrones, publicanos, estos solo frecuentan banqueros, diplomáticos, jefes de estado, clero de alta categoría, y en alguna ocasión se saludarán con la monja que les arregla la cama, el cuarto o les prepara la comida.

Es curioso como Benedicto XVI puede estrecharle mano y darles méritos honoríficos a un divorciado recasado y estos ven a un divorciado o a un gay y se suben a los árboles, como si ciertas relaciones puedan darles mala imagen.

Esto constituye un mal de ciertas personas, que ante una persona muy distinta a ellos se les activa el rechazo. Hay gente que si se entera que militas en un partido político te retiran no solo la amistad sino hasta el saludo. Pues estos hacen eso con putas, con homosexuales, con divorciados y hasta con los paganos de hoy.

Pues yo le animo a Sarkozy y a todos los jefes de estado a plantar cara a la Santa Sede, y a no agachar jamás la cabeza y a ir besando anillos cuando creyendo tener razón, su Santidad o un prelado, les lancen una reprimenda. Que ellos le lancen una reprimenda al prelado que sea, que están poco habituados a la crítica y a que alguien les responda, y eso es dañino a su inteligencia.
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