Hablemos de sexo.

Nuestro compañero Fidel aborda el tema de la abstinencia hasta el matrimonio. Es una opinión que personalmente yo no comparto aunque me parece muy respetable. Hay algunos planteamientos en la defensa de la castidad hasta el matrimonio que no es que me parezcan insuficientes sino que les falta razón.

Teniendo 7 años menos recuerdo como cierto cura, el impresentable del que tantas veces os he hablado, me imbuyó en la idea que quien mantiene muchas relaciones sexuales va perdiendo la capacidad de enamorarse o de amar. Yo evidentemente me lo creí, hasta que me desengañé al comprobar que algunos de esos amigos y amigas tan putones/as, se enamoraban y formaban parejas fieles de larga duración. Fue descubrir la falsedad de un enunciado que tantas veces se dice. La lástima es no contrastarlos con la realidad.

Recuerdo también que se decía que los gays no podía amar, mis amigos Rubén y Gabriel que son de mi edad, van ya para 7 años juntos, y la verdad es que se quieren mucho. A pesar de haber tenido uno de ellos sus escarceos por lo más bajo de Chueca, hoy es un novio ejemplar y los planes de boda son inminentes.

Otra de las mentiras que he escuchado es sobre la sexualidad egoísta. Es gracioso que ciertos curas hablen de ello, como si esta realidad la conocieran de primera mano. El caso es que todo el sexo después del matrimonio es catalogado de egoísta. Pues con el tiempo uno aprende que no es así. El sexo es egoísta cuando se utiliza, se engaña y se hace daño a una persona, eso si es egoísmo. Pero que unos novios se acuesten, duerman abrazados una noche, tengan sexo en el que se entregan el uno al otro, pues a mi me parece que de egoísta eso tiene bien poco.

Otra mentira es la devaluación de la sexualidad. A mi me parece una mentira, la sexualidad no se devalúa por una relación sexual. La sexualidad puede ser engrandecida o rebajada en función de las personas. Hay quien tiene sexo y se vuelca muchísimo en cada relación sexual, y hay quien va directamente a echar un polvo y adiós. Pero que una mujer no llegue virgen al matrimonio no va a ser ella ni menos mujer, ni peor esposa, ni va a ser mala en la cama. Lo mismo opino del varón.

Otra gran mentira es respecto a la masturbación. Se la cataloga de egoísta, de agresión al cuerpo, etc. Incluso se dice que en exceso provoca enfermedades sicológicas. La masturbación tiene de egoísta lo que tiene comerse un buen helado. Son tonterías. Y de agresión al cuerpo pues no sé yo, desde luego en muchos casos ayuda a liberar tensiones o puede ayudar a evitar la polución nocturna, que es bastante asqueroso. Respecto a enfermedades mentales esto es un mito. Este mito apareció cuando algunos siquiatras observaron que la masturbación estaba ligada a diversas afecciones, pero fue un error en la observación. Lo que ocurre es que algunos enfermos para liberar tensiones recurren a la masturbación, pero si esta no es suficiente siguen el dale que te pego como hacen los niños con un chupete, en todo caso la masturbación excesivamente frecuente puede ser un indicativo de un problema, no causante de serlo.

Disto mucho de condenar como se hizo en aquella bazofia de programa a quienes deciden ir vírgenes al matrimonio. Pero no comparto que se justifique la virginidad en mentiras. Quien sea capaz de llegar virgen al matrimonio que llegue. Aunque a mi juicio un himen roto o un chico estrenado no hacen ni mejor ni peor el matrimonio. Tampoco creo que sea importante, sus ventajas tiene e inconvenientes. Mi madre siempre dice que a las mujeres y maridos hay que conocerlos hasta en la cama antes de tomar la importante decisión de casarse. Y creo que muy cierto, pero aun así sigo pensando en que debe de ser interesante ese factor sorpresa.

Yo no voy a animar al sexo a nadie, que cada uno siga los dictámenes de su conciencia. Si recomendaré plantearse a cada cual que desarrolle una sexualidad, llegado el momento, que no sea egoísta, que no aspire a satisfacerse solo a si mismo, que la use para crear experiencias inolvidables, para unir, para crear pegamento entre dos personas y no división. Y por supuesto, seguir en la medida de lo posible la estrategia ABC (Abstinencia, fidelidad y condones).
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