La universidad y Maria San Gil.

No hace falta decir que rechazo la actuación de unos intolerantes con Maria san Gil. Dicen ser antifascistas, pero su actuación es idéntica al fascismo. A base de llamar fascistas a unos y a otros han conseguido devaluar el verdadero significado de la palabra fascista.

Si Maria San Gil fuese fascista entonces yo soy cura. Maria San Gil es una gran mujer. Es una luchadora que ha peleado desde la adversidad, ha luchado contra toda clase de amenazas a su vida, su salud y su libertad. Y ha salido airosa, lo que no la mata desde luego se ve que la hace más fuerte. Si perdiese Mariano Rajoy las elecciones, no habría que descartarla como sucesora. Si hay que elegir entre la intrigante Esperanza Aguirre y María San Gil es en mi opinión muy preferible Maria San Gil.

Hace tiempo que vengo pensando que en las universidades debería prohibirse cualquier asociación afín a algún partido político. Incluso las de carácter religioso con finalidad proselitista debieran desaparecer. Resulta un poco contradictorio que lo diga yo que estoy en una asociación de republicanos con lo monárquico que soy, el caso es que estoy donde estoy porque me siento a gusto entre los compañeros con los que me encuentro.

La universidad complutense tiene paredes que son un panorama. El Banco Santander recibe continuamente pintadas que las limpian semanalmente. Incluso la entrada al jardín botánico, o las paredes de las facultades no se libran. Primero aparecen los de SEU, hacen su pintada con esvásticas y yugo y flechas fascistas, después aparecen los antifascistas, los comunistas y los anarquistas y pintan encima, en ocasiones es al revés. Por último llega un pobre empleado que le toca limpiarlo todo y dejar como nueva la fachada, en ocasiones hay que poner una capa pintura y listos.

Pues la cosa es que mi facultad es de las menos politizadas porque solo existe una única asociación con cierto carácter político. Derecho, periodismo, política, historia y filosofía son las que se llevan la palma.

La facultad de matemáticas llegó un momento en que aquello se convirtió en un escándalo. Una asociación política y una religiosa, la religiosa casi ni hacia conferencias en matemáticas, pero sus estudiantes muy afines a Comunión y Liberación se dedicaban a sabotear cualquier charla organizada por otras asociaciones que no tratase temas religiosos, sociales o bioéticos que de alguna forma chocaban con la Iglesia. Al final aquel grupo de inútiles guerrilleros se extinguieron, o ya no queda nada de ellos, y su fiesta aquella del Happening en el paraninfo de la universidad complutense, en la que se agarraban cogorzas de campeonato hoy es ya historia. A mi eso del catolicismo integrista chupiguay me parecía hortera.

Yo ya he visto pasar dos reformas educativas en la universidad, y todavía no logro distinguir un cambio o una mejora en la universidad, y ahora viene la tercera, la gran revolución, la Convergencia Europea, y tras tanta pasada revuelta, en mi opinión por nada, cuando vienen realmente los lobos no existe la más mínima gana de movilizarse como se hizo con aquello. Ya ni hay huelgas, todo el mundo se queja pero ya estamos cansados de seguir a los capitostes de siempre.

Por último resalto que a raíz de padecer mi facultad a aquellos ocupas, a los que no se sabe si llegó a expulsar o denunciarles por parte del rectorado, bien tuvimos que soportarles y aguantarles durante tres meses. Por fortuna los desalojaron, pero me parece mal la actitud pasiva del rectorado durante largo tiempo. Entiendo que haya que ser plurales, demócratas, etc, pero que se te suban encima es mala cosa.

Pues voy a recordar otra cosa, lo ocurrido a Maria San Gil le pasó igual a Don Alberto Ruiz Gallardón cuando acudió a inaugurar la facultad de informática. Eran días aquellos del “No a la guerra de Irak”. El alcalde Álvarez del Manzano le entró miedo y no fue a la inauguración, Alberto Ruiz Gallardón acudió sabiendo lo que iba a pasar, y en medio de un gran griterio se presentó en la facultad de informática, descubrió la correspondiente placa, no pudo dar el discurso porque no le dejaron, y al irse, rodeado de manifestantes, rechazó el coche y se dio un paseo desde la facultad de informática hasta el metro de Ciudad Universitaria, no sin antes rechazar un autobús al comprobar que los increpantes no cabrían con él en el mismo. Y demostrando sus cojones, se fue caminando rodeado de personas que le increpaban, se metió en el metro con la chusma, hizo los transbordos correspondientes hasta llegar a la puerta del Sol, y llegado a su destino como un caballero les dio las gracias por su gentil compañía. Tengo entendido que solo se quejó una vez cuando uno le llamó asesino, y fue cuando dijo: “so no se lo consiento a usted”.

Este es el Gallardón que muchos desprecian, porque doña Esperanza Aguirre no tiene lo que tiene Gallardón. Por eso por la universidad pública casi ni aparece. Pero esto es otra historia.
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