Indignado por no ser capaz de transmitir la indignación

Veían lo que está ocurriendo desde la distancia; con algo de indiferencia y mucho de escepticismo.
Es cierto que hay argumentos para decir que es una torre de babel a la que es muy difícil darle continuidad. Se pueden cuestionar determinados comportamientos. Y criticar la toma de las calles y otros comportamientos.
Tienen razón mis amigos en sus críticas, es cierto. Pero son razones de forma. ¡Abordemos el fondo del asunto!
Hay gente a la que la insatisfacción con el funcionamiento de las instituciones le conduce a rebelarse contra la mediocridad de los políticos, la corrupción, el “todo vale”.
Las quejas están fundamentadas. Desconocemos hasta dónde y cómo va a llegar la indignación. Pero es real. Y creo que los que aspiramos a ser sal y luz del mundo debemos leer e interpretar el signo de los tiempos.
Si adolecía España del problema de una sociedad civil adormecida hoy hay síntomas de que está despertando. ¡Alegrémonos de ello! Impulsémosla, en lugar de sembrar dudas y desconfianzas en torno a ella.
La forma que esa sociedad civil llegue a tomar dependerá de que su despertar sea constructivo y no destructivo. Responsable y no irresponsable. Pacífico y no violento. Justo y no injusto. Solidario y no insolidario. Maduro y no manipulado.
Me cuesta creer que un cristiano que cree que hay que impulsar una sociedad más justa, responsable y solidaria considere un asunto tangencial apoyar el despertar de esa sociedad civil.
Personalmente estoy convencido de que mi aportación a la evangelización de nuestra sociedad pasa por posicionarme y comprometerme con esa sociedad civil que puede y debe emerger.
Quiero contribuir a que de la torre de babel que hoy es el 15M surja una crítica positiva y constructiva. Es mi manera de interpretar mi interpelación a actuar como sal y luz del mundo.
Hago mío lo que un día se dijo en una asamblea: "hay que ensanchar el alma y el espíritu, y no tener prisa: llegaremos lejos". Yo seguiré compartiendo mis reflexiones en este blog.