La ética es solo un elemento decorativo en el llamado libre mercado

Las grandes empresas españolas ganan más dinero pero emplean a menos gente. En ese contexto es necesario un debate en torno a las políticas económicas y las políticas sociales. Y la Doctrina Social de la Iglesia creo que no le da la importancia que merece.

Si no se crea empleo los indicadores que muestran un cierto resurgimiento de la actividad económica son engañosos. Pero si las empresas no lo asumen como compromiso explícito, ¿Quién ha de asumir el reto de crear empleo? ¿Sólo las políticas públicas?

Crecer económicamente se ha desligado de equidad social. De esa forma el empleo no es responsabilidad de nadie salvo, aparentemente, de las políticas públicas.

Hay un cierto contrasentido al defender la libertad del mercado cuando a sus actores dominantes les viene bien, y demandar la ayuda del Estado cuando las aguas amenazan su hundimiento.

Por ello no es extraño, aunque rechine a los oídos del alma, que coincidan en el tiempo una reducción de plantilla con la obtención de un récord de beneficios y el pago de cantidades insospechables a los directivos.
Las justificaciones de algunos son que las empresas son privadas y pueden pagar lo que deseen a sus ejecutivos. Pero esos argumentos tan solo se mueven en un entorno cultural que no tiene justificación desde un mínimo análisis de las consecuencias sociales que todo ello comporta.

El economista George Soros (poco sospechoso de revolucionario) dijo, hablando de ética y responsabilidad social de las empresas, que “demasiada competitividad, demasiada poca cooperación pueden causar inequidades intolerables e inestabilidad”.

Algo parecido dijo el Presidente del Banco Mundial: “Debemos ir más allá de la estabilidad financiera. Debemos abordar los problemas del crecimiento con equidad a largo plazo, base de la prosperidad y del progreso humano. Debemos prestar atención a los cambios institucionales y estructurales necesarios para la recuperación económica y el desarrollo sostenible. Debemos ocuparnos de los problemas sociales. Debemos hacer todo eso, porque si no tenemos la capacidad de hacer frente a las emergencias sociales, si no contamos con planes a más largo plazo para establecer instituciones sólidas, si no logramos una mayor equidad y justicia social, no habrá estabilidad política. Y sin estabilidad política, por muchos recursos que consigamos acumular para programas económicos, no habría estabilidad financiera”.

Lo que dice es que las políticas económicas se han de apoyar en las políticas sociales, y no al revés, como hasta ahora ha venido ocurriendo. Y lo dice alguien del propio sistema, nada sospechoso de revolucionario.

Lo social, en el mercado actual, es una derivada de lo económico. No es esencial en las políticas públicas. Por ello lo social es marginal. Pero lo propuesto por el antiguo Presidente del Banco Mundial no se ha comenzado a realizar, salvo excepciones.

Henry Ford ya en la primera mitad del siglo XX decía que había que pagar mejor a los trabajadores pues, si no, quien iba a comprar los coches que fabricaban.

Parece que hemos llegado a un momento en que se desea el mayor crecimiento de las empresas olvidando sus consecuencias en la equidad social. Por cierto, el Banco Mundial acaba de decir que hay 44 millones más de pobres en el mundo que al comienzo de la crisis.

Estas ideas han sido desarrolladas por Marcos de Castro del Observatorio de RSC y me ha parecido interesante compartirlas.
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