No todo es frivolidad en el futbol
Piermario Morosini, de 25 años, era conocido como jugador del Liborno. Tras lo ocurrido se ha sabido que, también, estaba huérfano de padres y que era quien se hacía cargo de una hermana con discapacidad síquica, que era atendida en una residencia especializada.
A partir de lo ocurrido un compañero suyo, el jugador internacional del Udinese Antonio Di Natale, se ha mostrado dispuesto a hacerse cargo de la custodia de la hermana de Morosini. Y ha hecho un llamamiento al fútbol italiano para concienciarlo de la situación difícil en la que queda la hermana.
Di Natale ha dicho de Morosini: "Fue un excepcional compañero, muy lleno de vida. A pesar de todos los problemas que tenía, siempre estaba a disposición del equipo y daba todas sus fuerzas por él".
El comportamiento de uno y de otro les honra a ambos y pone de manifiesto, una vez más, que nuestra mirada a la sociedad que nos rodea no se puede quedar en la imagen frívola y sensacionalista que con demasiada frecuencia nos presentan los medios de comunicación.
Debemos ser capaces de percatarnos de que aquí y allí; antes y ahora hay gente buena. Gente solidaria. Gente que no es ajena a los problemas y necesidades de los que les rodean.
No seamos marionetas zarandeadas por derrotistas empeñados en hacernos ver lo mal que está todo y en mostrarnos el lado oscuro de la realidad.
Debemos ver la realidad tal y como es. Con sus luces y sus sombras, gracia y pecado, vida y muerte. No tiene sentido enrocarse para añorar lo que fue ni para creer que es lo que queremos que sea.
Inmersos en esa realidad debemos ser capaces de desinstalarnos y desacomodarnos para gobernar nuestra vida; para actuar en defensa del bien común; para actuar con justicia y solidaridad; para comprometernos con el devenir de la historia. Y, puesto que somos creyentes, hacerlo desde una espiritualidad que humaniza y enriquece todo aquello que se cruza en su camino.
El gesto solidario comentado es una buena noticia de la que me alegro. Y quiero compartirla para transmitir la esperanza que contrarreste a quienes se empeñan en ofrecer una visión sesgada hacia la desesperanza.