No todo es frivolidad en el futbol

El pasado sábado un jugador italiano de futbol sufrió un paro cardíaco mientras jugaba y falleció. Durante todo el fin de semana en muchos campos de futbol se le recordó, dedicándole un minuto de silencio. Pero ha habido más gestos solidarios, dignos de destacar.

Piermario Morosini, de 25 años, era conocido como jugador del Liborno. Tras lo ocurrido se ha sabido que, también, estaba huérfano de padres y que era quien se hacía cargo de una hermana con discapacidad síquica, que era atendida en una residencia especializada.

A partir de lo ocurrido un compañero suyo, el jugador internacional del Udinese Antonio Di Natale, se ha mostrado dispuesto a hacerse cargo de la custodia de la hermana de Morosini. Y ha hecho un llamamiento al fútbol italiano para concienciarlo de la situación difícil en la que queda la hermana.

Di Natale ha dicho de Morosini: "Fue un excepcional compañero, muy lleno de vida. A pesar de todos los problemas que tenía, siempre estaba a disposición del equipo y daba todas sus fuerzas por él".

El comportamiento de uno y de otro les honra a ambos y pone de manifiesto, una vez más, que nuestra mirada a la sociedad que nos rodea no se puede quedar en la imagen frívola y sensacionalista que con demasiada frecuencia nos presentan los medios de comunicación.

Debemos ser capaces de percatarnos de que aquí y allí; antes y ahora hay gente buena. Gente solidaria. Gente que no es ajena a los problemas y necesidades de los que les rodean.

No seamos marionetas zarandeadas por derrotistas empeñados en hacernos ver lo mal que está todo y en mostrarnos el lado oscuro de la realidad.

Debemos ver la realidad tal y como es. Con sus luces y sus sombras, gracia y pecado, vida y muerte. No tiene sentido enrocarse para añorar lo que fue ni para creer que es lo que queremos que sea.
Inmersos en esa realidad debemos ser capaces de desinstalarnos y desacomodarnos para gobernar nuestra vida; para actuar en defensa del bien común; para actuar con justicia y solidaridad; para comprometernos con el devenir de la historia. Y, puesto que somos creyentes, hacerlo desde una espiritualidad que humaniza y enriquece todo aquello que se cruza en su camino.

El gesto solidario comentado es una buena noticia de la que me alegro. Y quiero compartirla para transmitir la esperanza que contrarreste a quienes se empeñan en ofrecer una visión sesgada hacia la desesperanza.
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