15M: leer e interpretar los signos de los tiempos

El movimiento 15M no sabemos cómo ha empezado. Detectamos muchos intentos de manipularlo. Discrepamos sobre quien va a ser el beneficiario. Y desconocemos hasta dónde y cómo va a llegar. Pero está ahí. Puede ser importante. Y los que aspiramos a ser sal y luz del mundo debemos leerlo e interpretarlo.

En torno a ese movimiento se habla de que hay grupos heterogéneos, así como ciudadanos no integrados en ninguna organización. ¿Qué les une? Muchos aluden a la indignación con el panorama político, económico y social. A la corrupción existente. A la indefensión de los ciudadanos ante los diferentes poderes.

Algunos analistas toman como argumento de descalificación la violencia física de unos pocos. O la violencia verbal que se ha producido contra la agencia Efe, Intereconomía o la Cope.

“Es que dan una información sesgada y manipulan”, le dijeron a mi hija cuando les cuestionó ese comportamiento. Pero ¿no está sesgada la información de El País, o de muchos periodistas de la denominada “pública” que acarician la mano que les da de comer? En democracia caben unos y otros. Y debe haber sitio para todos. Tarea nuestra es leer críticamente lo que dicen.

Perjudican a la causa los violentos y los antisistema, que los hay. Pero hacen mal los analistas y los políticos que, en base a ese argumento, desprecian a quienes han salido a la calle.

En España hay mucha gente cabreada, seriamente cabreada con lo que le rodea. Con políticos, banqueros, grandes empresarios, grupos de comunicación, sindicatos. Con la corrupción de unos y otros.

Hay gente a la que la insatisfacción con el funcionamiento de las instituciones le conduce a la indignación. Que se rebela contra el “todo vale” y contra quien dice que “el que no se corrompe es porque no puede”.

Más allá de cómo ha surgido este fenómeno y de quien quiere manipularlo lo importante es preguntarnos ¿hay motivos para quejarse?

La respuesta es . Los daré la próxima semana, una vez pasadas las elecciones, para evitar se me acuse del intento de influir en algún sentido.

Si hay razones para quejarse hay que buscar alternativas. Hay que dar soluciones. Yo me comprometo a hacerlo en los próximos días. Impulsado por mi concepción creyente de la vida y por el compromiso con la sociedad más justa, responsable y solidaria a la que aspiro.

Adolecía España del problema de una sociedad civil adormecida. Hay síntomas de que está despertando. Cómo lo haga dependerá de nuestro compromiso para que ese despertar sea constructivo y no destructivo. Responsable y no irresponsable. Pacífico y no violento. Justo y no injusto. Solidario y no insolidario. Maduro y no manipulado.
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