En tiempo de Julio Cesar, los emperadores utilizaban y manipulaban el calendario, moviendo, sacando y poniendo fiestas y fechas, a su antojo y según sus intereses. Los políticos de hoy adelantan o atrasan elecciones, promulgan leyes favorables a los ciudadanos para capear situaciones sociales o políticas adversas. Los políticos pretenden hacer del futuro un pasado adelantándose a él y convertir, así, en propicio para sus intereses el tiempo nefasto de las crisis. Hoy, como ayer, el ser humano ha soñado con manipular el tiempo a su antojo ignorando su inexorable enigmaticidad.Los ciudadanos achacan a enero y febrero las dificultades económicas debidas a las compras compulsivas de diciembre y enero. Febrero de 28 días es un mes cojo y, según el dicho popular, "no hay cojo bueno".