En nuestros días, cualquier casa que se precie debe de tener chimeneas en los salones para que los invitados puedan charlar al humor del fuego, los restaurantes de postín tienen velas en cada una de las mesas que encienden al momento de sentarse los clientes; en los macroconciertos, los asistentes, verdaderos devotos, encienden velas que blanden al ritmo de la música.
Hay pequeños locales impuros, con humo, y puros, sin humo; los grandes están divididos en dos partes: una para limpios y puros, y otra para sucios e impuros. Hasta no hace mucho, los peregrinos acudían a santuarios y se bañaban en el chorro del manantial del santo; ahora, las gentes acuden en masa a los balnearios y se sumergen en las piscinas, con la misma fe que los peregrinos lo hacen en la del santuario de Lourdes (Francia) y los antiguos judíos lo hacían en la piscina de Siloé (Juan, 9, 7).