Candelaria

La mujer judía, que era impura por haber contraido y dado a luz, no podía ni entrar en lugar ni tocar objeto sagrados hasta haber cumplido el rito de purificación y de expiación en el templo delante del sacerdote, cuarenta días después del alumbramiento. En cumplimiento de la ley levítica, la Virgen, cuarenta días después de haber alumbrado subió al templo, ella cumplió con el rito de purificación y expiación y presentó su hijo a los sacerdotes (Levítico, XII, 1-8; Lucas, 2, 22-24).
Cuarenta días después del parto, las mujeres católicas iban a la iglesia a presentarse al sacerdote para cumplir con el rito de purificación, y el día 2 de febrero, día de la Candelaria, iban a misa y llevaban a su casa una vela bendecida y, con ella, hacían cruces en todas las aberturas hacia el exterior de la casa para protegerla contra los incendios, los rayos y las tormentas, y se la ponían en las manos a los agonizantes. La Iglesia predica que los cirios de la Candelaria simbolizan el cirio Pascual; es decir, a Jesús resucitado, luz que ilumina el camino y faro que orienta la vida del cristiano. Algunos liturgistas cristianos, en consonancia con lo que sugiere La leyenda dorada (Santiago de la Vorágine) dicen que la practica de las velas es la cristianización de las velas de Demeter y de las menada.

Cfr. "Tiempo de purificación", El Mundo, 1-2-07
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