Familia

Ha pasado un mes con mi familia en Loureses. A veces éramos doce, a veces diez y a veces veintitrés o más. Hicimos excursiones a distintos lugares llevando la merienda para comerla a la sombra de algún santuario, al borde de un riachuelo, al lado de una fuente fresca. Muchos días jugué una partida de tute recordando cuando íbamos a la escuela, con el ganado, los mendigos y los ambulantes que llegaban al pueblo. “Antaño a estas horas”, dijo alguien, “andábamos segando estirados sobre los surcos como libres y sucios como palo de gallinero”. Nuestra alegría se vio empañada por la desaparición y posterior confirmación de su muerte de Laura Alonso, sobrina nieta de Manolo Olleros, intimo amigo de nuestra casa.
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