Tal vez una de las partes más llamativas de los molinos de río sea el canal que recoge el agua del río hasta el cubo. Los molineros del Valle de Fontercada, durante los tres meses de verano, ponían un guardia para que nadie regara con el agua el RíoEiroá, para que los molinos la tuvieran en abundancia poder oler día y noche. En momentos de mucha molienda, la gente desde el atardecer hasta el día siguiente. Aunque le molieran de noche se quedaban hasta el amanecer porque las fieras del onte hacían temible la noche. “El molino era uno de los lugares de difusión y conservación de la tradición oral y de comunicación de noticias de unos pueblos a otros de distintas parroquias. La gente se echaba a dormir y entre sueño y sueño algunos hacían lo que más les gustaba. Había hijos el molino, no del molinero”. Dice la copla: “Unha noite no muiño, una noite non é nada; unha semaniña enteira esa si que é muiñada (Una noche en el molino, una noche no es nada; una semanita entera esa si que es molinada)”. Es un lugar que daba densidad al espacio y esencial en la memoria de los pueblos. "Los sacerdotes desde el pulpito ponían en guardia a las mujeres que iban al molino", me dijeron