El monje, el revolucionario y el presenteista

Los presenteistas, obsesionados con borrar el tiempo, pretenden vivir sin vivir el tiempo, la eternidad sin fe, un andar a tiendas sin referencias. Se hacen la ilusión de que cada vez es la primera vez. Toman su deseo por la realidad. Una historia sin historia porque no cuenta con un pasado y por ello es infinita en el tiempo e invulnerable. Por el contrario, los revolucionarios puros saben perfectamente que el tiempo no da vueltas en redondo sino que sigue una trayectoria recta y, en aras del futuro idílico, sacrifican el presente de los demás y son capaces de someterlos a las mayores torturas y hasta de matarlos para crear el paraíso. A diferencia de unos y otros, el monje vive en el ahora, el futuro y la eternidad (El gran silencio. Dir. F. Gröning). Por todas partes reina un cierto hastío e indiferentismo que, a mi modo de ver, están siendo el germen y el origen de una próxima transformación y clarificación de las cosas. Con frecuencia se puede leer y se oye hablar de la vuelta de lo religioso, de la búsqueda de lo sagrado. Esta búsqueda de lo sagrado no lleva consigo el renacimiento de la Iglesia ni de ninguna otra institución religiosa. En muchos casos se trata de una religiosidad y de un sagrado a la carta. En esta época del año, muchas personas buscan el silencio del monasterio para meditar en el misterio que dio origen a la celebración de la de la Navidad.
Volver arriba