Los políticos y el metro

Todos los teóricos sobre el transporte de animales en metro les rogaría que bajasen al metro de Barcelona y viajaren cualquier día, especialmente, el fin de semana entre gente descalza, torsos desnudos, sudados, arenosos, embadurnados de cremas; perros (a veces sin collar), aparatos de música a toda pastilla. Yendo gente de pie, van asientos vacíos porque el que acaba de levantarse lo ha dejado mojado, sudado, empapado y embadurnado. ¡Sobre todo algunas líneas! Ya sé que es mucho pedir que un político (de los que deciden) baje al metro a no ser en campaña electoral. Pero, por lo menos, que no hablen y no legislen sobre lo que desconocen por completo.
Volver arriba