Una mirada reposada a la primera lista de nombramientos de Monseñor Osoro Un consejo episcopal renovado, pero no del todo nuevo
(Jesús Mª López Sotillo).- El pasado día 11 mayo D. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, dio a conocer la lista de los nuevos Vicarios Episcopales y los nombres del Canciller-Secretario y del Rector del Seminario. José Manuel Vidal, tras publicar en Religión Digital un artículo mío en el que exponía unas ideas y sugerencias sobre la diócesis de Madrid y después de ofrecerme la oportunidad de desarrollar éstas y otras reflexiones en una entrevista que me hizo para esa misma página, me pide ahora que escriba un comentario sobre dichos nombramientos. Accedo a ello, pero siendo plenamente consciente de que lo que voy a decir no refleja más que mi propia opinión, que, lógicamente, no tiene por qué ser la de todo el mundo.
Comenzaré diciendo que el mero hecho de que se hayan producido ya es importante, puesto que a partir de ahora los designados constituyen el nuevo Consejo Episcopal de la diócesis, tanto si en él se incluye al rector, como pudiera sugerir el que su nombre se haya dado a conocer junto con el de los demás, como si, manteniendo lo que ha sido práctica habitual hasta ahora, queda fuera.
Desde que el 28 de agosto de 2014 monseñor Osoro fuera designado por el papa Francisco sucesor del cardenal Rouco Varela, ha habido un tema de conversación que ha sido habitual en los "corrillos" de curas de cualquiera de las tendencias que hay en la diócesis. Todos nos hemos preguntado o hemos aventurado hipótesis o compartido rumores sobre quiénes serían las personas a las que estaría pidiendo consejo de cara a la toma de decisiones tan importantes como la de mantener o la de renovar a las personas encargadas de asumir las diversas tareas de gobierno que han de ejercerse en la diócesis para su normal funcionamiento. No era un tema baladí, pues se sabía que D. Carlos no estaba pidiendo que tal función de "aconsejar" la llevara a cabo la más alta institución diocesana creada para tal fin, el Consejo Episcopal, ni otra igualmente establecida con una misión de ese tipo, el Colegio de consultores, ni tampoco el Cabildo catedralicio.
Una vez que el obispo, aconsejado por quien le haya aconsejado, y tras su propia reflexión, ha efectuado los nombramientos que venimos comentando es lógico suponer que a partir de ahora sea al nuevo Consejo Episcopal al que, valga la redundancia, pida consejo, pues lo forman las personas que él ha querido y decidido que lo formen. Habría quedado de este modo contestada la pregunta de a quién solicita de modo oficial y de quién quiere oír, expresado con libertad, el parecer sobre los múltiples asuntos de importancia que atañen al gobierno de la diócesis. Sin que ello excluya, lógicamente, la posibilidad de que quiera oír y preste atención también a otras voces.

De los diecisiete miembros que tenían el último Consejo Episcopal de Rouco sólo seis van a estar en este primer Consejo episcopal de Osoro, una vez que, como se prevé que ocurra en breve, salgan de él los dos obispos auxiliares que aún forman parte del mismo, Don Fidel Herráez Vegas y Don Juan Antonio Martínez Camino. Se puede, pues, decir que es un Consejo renovado, aunque no del todo nuevo.
Tres de sus miembros conservan el cargo que tenían: Don Alberto Andrés Domínguez, Don Jorge Cristóbal Ávila Mejía y Don Tomás Juárez García-Gasco. Dos cambian de responsabilidad, Don Francisco Javier Cuevas Ibáñez y Don Gil González Hernán, y otro la vio inicialmente duplicada hasta el jueves pasado que el Obispo enmendó su decisión inicial, Don Alfonso Lozano Lozano. Siete, u ocho si incluimos al Rector, ocupaban puestos de responsabilidad en la Curia o en el Seminario o en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso o en alguna de las Delegaciones diocesanas: Don Avelino Revilla Cuñado, Don Jesús Vidal Chamorro, Don Roberto Serres López de Guereñu, Don Andrés García de la Cuerda, Don Carlos Aguilar Grande, Don Juan Carlos Vera Gállego, Don Juan Carlos Merino Corral y Don Juan Pedro Gutiérrez Regueira. Y únicamente cuatro no tenían acomodo hasta ahora en las altas instancias de gobierno de la Diócesis: el Padre Elías Royón Lara S.J., Don José Luis Segovia Bernabé, Don Fernando Antonio Martínez García y el Padre Ángel Camino Lamelas O.S.A. A estos ha de sumarse Don José Cobo Cano, a quien el día 21 de mayo incluyó en la lista.
Con tales datos sobre la mesa difícilmente puede decirse que se ha producido una clara ruptura con el inmediato pasado. Pero tampoco hay que pensar que todo o casi todo va a seguir siendo lo mismo. Si el Sr. Arzobispo les da pie y, más aún, si se muestra proclive a ello, estas personas pueden aconsejarle o secundarle de modo diferente al que aconsejaban o secundaban a Rouco. Han tenido ocasión de hacerlo por primera vez en la reunión conjunta que el jueves de la semana pasada celebró con los miembros del actual Consejo y con los que lo forma a partir de ahora. En ella le fue sugerido y el aceptó corregir dos de sus decisiones del día 11, la de encomendar el gobierno de la Vicaria II a Don Alfonso Lozano, que ya tenía encomendado el de la III, y la de que la toma de posesión de los nuevos cargos se produjera a comienzos de septiembre. Atendiendo el parecer de los consejeros dejó a Don Alfonso en la III y nombró para la II a Don José Cobo Cano. Dispuso, asimismo, que la toma de posesión sea el 15 de junio. Dos rectificaciones muy razonables.

Pero sigamos mirando con detalle esta primera lista, ahora ya completa, de nombramientos. Busquemos en ella algún detalle que pueda ser indicio de hacia dónde quiere D. Carlos llevar y que camine la diócesis. No figuran en ella personas que llevaban muchos años teniendo bastante peso en los niveles más altos del organigrama diocesano. Tampoco tienen un grado de representación muy significativo los llamados "Nuevos movimientos eclesiales". Entra un jesuita con una larga trayectoria tanto dentro de su propia orden como en el marco más amplio de la Iglesia en general, el Padre Elías Royón Lara. Entra también un agustino, en quien el obispo parece confiar, aunque en Madrid era poco conocido, el Padre Ángel Camino Lamelas.
Convierte en bicéfala la Vicaría Episcopal de Economía, en la que mantiene a un clásico, Don Tomás Juárez García-Gasco, pero acompañado, no explica por qué, de otro sacerdote con el mismo rango que él, Don Fernando Antonio Martínez García. Y, tras el cambio en lo tocante a las Vicarías II y III, pone al frente de la dos a Don José Cobo Cano, sacerdote diocesano que fue ordenando en 1994 y goza del aprecio de muchos de sus colegas, como sugiere el hecho de que su nombre haya sido uno de los que se repetía con cierta frecuencia en las listas que enviamos al Sr. Arzobispo.
Pero respecto a la era del Cardenal Rouco Varela lo más novedoso es que también haya dado cabida en el Consejo a Don José Luis Segovia Bernabé, un hombre por encima de todo bueno, además de inteligente y conciliador, claramente situado en lo que llamaríamos el ala "progresista" de la Iglesia. Es el actual director del Instituto Superior de Pastoral, centro que en los últimos veinte años ha vivido siempre bajo la amenaza de cierre, acusado de no estar en perfecta sintonía con las directrices vaticanas.
¿Puede y quiere el obispo, aconsejado y secundado por este Consejo Episcopal Renovado, dar a la diócesis un aire distinto al que ahora tiene? Si quiere, puede. Pero todavía es mucha la tarea que tiene por delante. Lo que ocurra en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso es fundamental para el futuro de la diócesis. Y ahí no sabemos si piensa introducir algún cambio que la haga más plural teológicamente hablando, ni, en caso afirmativo, cuando empezará a hacerlo. Es importante, asimismo, cuál acabe siendo el equipo de formadores del que se rodee el nuevo Rector del Seminario. También es importante ver cómo se estructuran y funcionan las tres Vicarías de nueva creación: La Vicaría Episcopal de Evangelización, la Vicaría Episcopal de Pastoral Social e Innovación y la Vicaría Episcopal de Acción Caritativa. Es importante, asimismo, ver qué pasa con las Delegaciones Episcopales, si se conservan o reducen las veinte que ahora hay y quienes son los Delegados llamados a presidirlas.
Y, algo que considero de gran transcendencia, es importante ver qué grado de confianza y qué tipo de responsabilidades se va otorgando a muchos y buenos católicos madrileños, seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas, a quienes, bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, se ha echado a los márgenes de la Iglesia o, peor aún, a los que se ha expulsado de ella, por disentir con palabras y obras del giro "conservador" que ha experimentado la diócesis.
Por todo ello ¿cuál puede ser la conclusión que ponga término este comentario? ¿A la vista de estos nombramientos, puede decirse que existen motivos para mantener una cierta esperanza respecto al tipo de futuro que aguarda a la diócesis? Creo que sí, pero no para un entusiasmo desmedido. No queda más remedio, antes de echar las campanas al vuelo, que continuar mirando con atención cuáles son los acontecimientos que se van produciendo.