Desde su declaración como "no culpable" -que no inocente- en el caso de los trajes, el ex presidente de la Generalitat valenciana,
Francisco Camps, está en todos los fregados, en busca de una "compensación" al mal recibido. Uno de los destinos más curiosos, y de los que más se ha hablado, es el de la
embajada en la Santa Sede. Una opción ciertamente descabellada y que algunos prelados ya se han encargado de tratar de frenar.
El ministro de Exteriores,
García Margallo, apuntó a comienzos de su mandato que se habían acabado los "
cargos políticos" en las delegaciones españolas en el extranjero. Pero lo cierto es que Roma es otra cosa. En este sentido, sí que sigue sonando un valenciano que, por extraño que pueda parecer, cuenta con las "bendiciones" tanto de
Rouco como de Cañizares. Y, evidentemente, de
Carlos Osoro. Como ya apuntamos en su día, de ser, no sería Camps, sino
Juan Cotino. aunque todo parece indicar que esperaremos un tiempo. El Ejecutivo y la Santa Sede están contentos con la labor de
María Jesús Figa, y tampoco estaría muy bien visto que la primera mujer en ocupar cargo tan relevante apenas permaneciera un año en esta sede.
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