Jesús acompaña hoy a los dos discípulos, camino de Emaús. Todavía no han sentido la presencia del Resucitado. No han terminado de creer a las mujeres, a Lázaro, a quienes aseguran haber visto a su Maestro devuelto a la vida.
A veces tenemos tan cerca a Dios que no reparamos en su presencia, en su sonrisa, en sus abrazos. Pero Él siempre encuentra la manera de hacerse evidente a nuestros ojos. Hoy, como todos los días, es un buen momento para mirar alrededor, y contemplar a Jesús Resucitado en la mirada de quienes nos quieren, quienes sufren, quienes sienten... quienes de un modo u otro viven. Con ojos de Resucitado, y con los ojos de
ese Amor que nunca se cansa de amar. Siempre estaremos camino de Emaús... y siempre en compañía. Aunque a veces no lo advirtamos, siempre pasea a nuestro lado.
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