El Papa de la solidaridad

No debemos tener miedo de la solidaridad, de poner a disposición de Dios lo que somos y tenemos”, acaba de publicar Francisco en su cuenta de Twitter. Cuando apenas restan diez días para alcanzar los cien desde que arrancó su pontificado, ya podemos hacer un breve balance del mismo. Y algún que otro titular. Y es que más de uno sirve igual que una encíclica. Por ejemplo: que Francisco va a ser, si no lo es ya, el Papa de los pobres. Y más aún: el Papa de la solidaridad.

Más allá de reformas curiales, de nuevos organismos de gobierno, de reestructuraciones en el Banco Vaticano, la liturgia u otras normas, que son importantes y deben darse, lo importante, hoy y siempre, son los más pobres de entre los pobres. Esos a los que Jesús se acercó en su tiempo, y a los que los hombres y mujeres de Dios se acercan a diario en todos los rincones del mundo. Esos a los que nadie quiere. Esos para los que hay que poner a disposición de Dios lo que somos y tenemos, como dice Francisco en su tuit.

Francisco: el papa de la solidaridad. El que prima el servicio frente al poder. El de los rostros de los humildes. Ése que tanto necesitamos para liderar el cambio de actitudes en una sociedad que cada vez entiende menos el valor de las manos cansadas, de los rostros tristes, y que necesita más el mandato evangélico del amor y la caridad. El poner la cara de Jesús a cada uno de los que sufren. Y no tener miedo a hacerlo.
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