"Nos abre los ojos, por eso lo castigan"

A Antonio Fernández, de 36 años, le llaman "el cura rojo". "Si por hacer política se entiende pedir el voto o hablar de partidos políticos, eso él no lo hizo jamás", sostiene el sacristán y confirman prácticamente en comandita los vecinos de las tres parroquias que el cura tiene a su cargo en este municipio ourensano.
"Lo que ocurre es que él sí que cree en Dios. Los otros hablan de Dios pero no creen en él", sentencia resuelta Marita, una mujer de la parroquia de Forcela. A su lado, otro vecino completa la descripción del cura. "Los otros tienen la sotana hasta los tobillos y los bolsillos hasta la rodilla; ya me entiende".
El "cura rojo" de Piñor decidió el miércoles renunciar a su escaño electo de concejal del PSOE -partido en el que no milita- de A Gudiña. El obispado lo conminó a hacerlo mediante una suspensión del ejercicio pastoral y bajo el apercibimiento, además, de que para regresar a él debía acreditar "fehacientemente, a juicio del obispo" haber renunciado "a cualquier cargo, compromiso o actividad política" y estar "en actitud de actuar en comunión con la Iglesia".
"Desde que llegó no han hecho más que perseguirlo", asegura el sacristán y corroboran después los vecinos consultados. Sus antiguos feligreses de A Gudiña cuentan la misma historia de persecución "política" del sacerdote en su anterior destino. "Hasta que lo echaron, no pararon; el PP se empleó en eso", asegura su ya ex compañero de corporación, el portavoz socialista en A Gudiña, Miguel Ángel Rodríguez.
Fernández no "hace política" en el púlpito. Pero anima a los fieles a "saber cosas, a aprender, a que no dejemos que nadie piense por nosotros". Sus homilías tienen, a tenor de lo que cuentan los feligreses, menos contenido litúrgico y más social y moral. En alguna ocasión lamentó en misa que la Iglesia estuviera "al lado de los poderosos" y reprobó su "integrismo" en ciertos sectores. También protestó por el "excesivo gasto" de la visita del Papa a Galicia. "Está bien que venga, pero no se puede derrochar ese dinero", dijo.
Estos días Fernández está "desaparecido". No hace declaraciones. Espera a que amaine el temporal mediático mientras en Piñor ya lanzan advertencias: "Si nos lo quitan, dejaremos todos de ir a la iglesia". Los vecinos no sabían que su párroco se presentaba de número dos de la lista del PSOE a casi 200 kilómetros de distancia. "Nos enteramos por los periódicos cuando el Obispado lo amenazó". A todos les parece "lo más normal" que compatibilice su labor pastoral con la política "por el partido que quiera".
En Carballeda, la raída rectoral tiene vistas a la pequeña iglesia y a un terreno expropiado para hacer un paso subterráneo "por el que el obispado cobró 25.000 euros, pero no le arregla la casa al cura", protestan de nuevo los fieles. Fernández los cautiva. No solo porque los trata "como uno más, muy cercano", sino porque los estimula animándolos a "despertar". El cura de Piñor les quitó de la cabeza esos funerales oficiados por cuatro sacerdotes y los convenció de que con uno sobraba. El dinero que había que pagar a los demás y el que recibe él mismo se guarda en una cuenta corriente de la parroquia en la que figuran como titulares tres vecinos. "Nos abre los ojos, por eso lo castigan", explica Manuela, en Forcelos.
Fernández los cautiva por eso y también porque les pone en misa la Salve rociera de Rocío Jurado, Un millón de amigos de Roberto Carlos y otras "de Perales, y así". También están encantados de que haya cambiado el tradicional ministerio de la confesión por uno colectivo. "Consiste en que todos nos arrepentimos, pedimos perdón y cada uno se pone su penitencia". La de Antonio Fernández es constante. "Lo machacan porque es el cura de los pobres. El señor obispo nunca vino aquí", repiten sus fieles.
Cristina Huete (El País)
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