El clamoroso silencio de Uriarte tiene que venir acompañado de un sonoro gesto de Roma

Ya es hora de que se le acepte la renuncia. Aunque la Santa Sede no tenga todavía compuesto el puzzle de la Iglesia vasca. No se pueden tolerar más silencios. Y menos de un prelado en activo. El clamoroso silencio de monseñor Uriarte ante el último asesinato de ETA clama al cielo, y abre las heridas de las miles de víctimas de la violencia terrorista. Ya es tarde, y tiene que llegar, de inmediato, un sonor gesto de Roma. ¿Qué sentido tiene no aceptar la renuncia de Uriarte? ¿No ha tenido suficientes ocasiones monseñor Uriarte de decidir en qué bando está? Ya es triste que el obispo de San Sebastián, como su antecesor Setién, navegue en la "equidistancia" de pistolas y nucas. Será mucho más grave que la Santa Sede no marque claramente esas distancias.

baronrampante@hotmail.es
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