¿No era colaborar con el mal?

“Se hará de otra manera –insiste el cardenal en su carta-, pues violaríamos el carácter propio de nuestros centros, el derecho de los padres a que reciban la formación religiosa y moral que decidan para sus hijos y el derecho legítimo que les asiste a objetar en conciencia”.
En la misiva, Cañizares admite que los colegios católicos cumplirán con la ley “en sus niveles más altos” (conforme a la Constitución y a la LOE, obligatoria y evaluable), aunque posteriormente matiza: “siempre que no se diga lo contrario por la instancia que corresponde”. Dicho en otras palabras: siempre y cuando la Administración educativa no ponga objeciones al modo de impartir Ciudadanía. Y, si se hace conforme al ideario propuesto por FERE -y aprobado tanto por el Episcopado como por la Administración-, no debería haber problema.
Pero, entonces... ¿impartir la materia no era colaborar con el mal? ¿Quiénes lo hacen y quiénes no? ¿Qué hay detrás de las palabras de Cañizares? Qué raro es todo, ¿no?
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