Escribe, en solitario,
hasta 15 folios. Durante días. Son marcas de posibles errores, interpretaciones sesgadas, posibles problemas doctrinales.
Mira con lupa. Relee. Podría rebajar la lista a apenas un folio: los asuntos "peligrosos" (no hay ninguno realmente grave) apenas son dos o tres y de fácil solución. Además, el autor ha mostrado su total disponibilidad a modificar dichos aspectos.
Censor y censurado se conocen, y se aprecian. Incluso, podría decirse, que son discípulo y maestro en lo suyo. Y sin embargo,
el primero ha recibido un encargo al que no puede negarse. Y con la obligación de "hacerse notar".
Y el folio acaba multiplicándose por quince.
La editorial "censada" no entiende nada: ambos, censor y censurado, son autores suyos. Incluso, hace poco, llegaron a colaborar en proyectos comunes. Y, sin embargo,
la investigación quedó carcomida por la obediencia. Y por los resultados. Y por el sueño, todavía factible, de un premio mayor. L
a fe del Inquisidor es doliente, pues no entiende cómo un mal puede llevar a un bien. Y sin embargo, obedece. Y esto está pasando, ahora mismo,
a pocos kilómetros de Madrid.baronrampante@hotmail.es