Crisis del Estado de Bienestar 9

Trabajo, derechos sociales y globalización
6. La cultura del trabajo
(Cont.) (viene del día 18)
Insistiendo en los debates actuales sobre la transformación de la función del empleo en este fin de siglo, hay que decir lo siguiente: Ante estos cambios, por un lado se da la reacción neoconservadora que pone el acento en el refuerzo de la familia u otras instituciones y del propio Estado, junto a un nuevo autoritarismo.
Fukuyama, defensor a ultranza del individualismo liberal y asustado ahora por sus efectos disgregadores y por la disolución del orden social, se vuelve hacia la familia como tabla de salvación. (Fukuyama, La gran ruptura Ediciones B 2000)
En la izquierda la tendencia principal es volverse al empleo como mecanismo de relación social y ciudadanía. Los autores especialistas en el tema se refieren a la crisis salarial y a las dificultades del trabajo para ser soporte de la ciudadanía en esta crisis postkeynesiana de fragmentación social y proponen la rearticulación productiva y nuevos espacios para la ciudadanía, ofreciendo la alternativa en el plano de la acción sociopolítica en defensa de la ciudanía socialy en el trabajo mercantil y extramercantil.
Son elementos de reflexión y renovación sobre el clásico keynesianismo de la izquierda. Es significativa esta cita:
"el trabajo, y la realidad salarial por sí misma, cada día parecen más limitados como elementos de generación de identidad homogénea y autónoma, puesto que este elemento está cada vez más desarticulado socialmente y presenta situaciones que hacen difícil la propia solidaridad.
Sin embargo, la defensa de lo público y de una ciudadanía social, basada en los derechos de bienestar, parece un elemento básico y sustancial de reforzamiento de la solidaridad institucional general, y el trabajo mercantil y extramercantil tienen un papel principal en la articulación de la defensa pública de la solidaridad y el bienestar" (L. Enrique Alonso, Trabajo y ciudadanía social, Ed. Trotta 1999
L. Enrique Alonso en su libro antes citado expone una visión muy realista y reconoce la realidad social del trabajo fragmentada y la ausencia de un gran sujeto o agente social transformador. Pero para analizar el papel o el valor del empleo, habría que distinguir los dos planos:
el de la realidad previsible, de que el trabajo no puede ejercer la misma función que en el pasado, considerando que no hemos llegado a su fin, que permanece como realidad material aunque haya cambiado sus características, sobre todo, su función, su expresión social y la cultura a él asociada(El trabajo del futuro de J.José Castillo, Ediciones Complutense 1.999; Modelos económicos y configuración de las relaciones industriales de Andrés Bilbao, Ed Talasa 1.999.
Compartimos esos analisis de la realidad de unas tendencias sociales duraderas con base socioeconómica, cultural y de identidad fragmentada y muy frágil e inestable para la mayoría de la población;también en que es necesario y deseable que el empleo sea más estable, su distribución más igualitaria y las condiciones laborales más satisfactorias. Pero, en segundo lugar, está la propuesta de reconstitución del papel del trabajo para que vuelva a ocupar un lugar central.
Es necesario avanzar en dos aspectos. Uno analítico: sobre el papel que realmente va a ocupar el trabajo, el futuro del trabajo efectivo en la articulación de la sociedad; para él había que distinguir mejor las dos partes de empleo y no empleo, diferenciar el campo de la producción y la economía, del campo de la cultura o la actividad social. Alonso sigue con la utilización de ese concepto "trabajo", aunque incorporando lo extramercantil para definir toda la actividad humana fundamental, cosa un poco problemática.
El segundo aspecto es normativo: cómo avanzar en las propuestas sobre el papel específico que debiera cumplir el trabajo: Alonso lo considera "principal", pero habría que profundizar más sobre qué papel debiera desempeñar cada aspecto, el trabajo mercantil, el extramercantil, la actividad, o sea, cómo ensanchar el campo de la cultura, de lo social, en detrimento de la hegemonía de la economía; ese es uno de los nudos gordianos en esta discusión...
En conclusión, la cultura del trabajo, la fundamentación liberal de los derechos, del contrato social, ha constituido la primcipal corriente de la modernidad y tiene todavía una gran credibilidad; los viejos valores de libertad, igualdad y fraternidad todavía están vigentes, aunque a la defensiva; por otra parte, existe confusión y desorientación en sectores de la izquierda, por la crisis del anterior modelo de pacto keynasiano y del pleno empleo; todos esos elementos están puestos en cuestión y se están reestructurando por la globalización de esta sociedad mundializada, segmentada y precarizada.
Ver más detenidamente:A. Antón en Trabajo, derechos socilae y globalización, Talasa Ediciones 2000