David y Goliat

La crisis económico-financiera de Estados Unidos que ha contagiado a todo el mundo tiene su origen en la III Cumbre de las Américas, que se celebró en Quebec en 2001, con la intención de crear un Area de Libre Comercio (ALCA), un mercado común panamericano con 800 millones de consumidores.

La idea fracasó porque llevaba incrustado el virus del neoliberalismo. Los analista de la época lo consideraron un suicidio para América Latina o una forma de institucionalizar su dependencia del Norte, llamado Goliat. La fuerza de la verdad no siempre está de parte del más fuerte, como se pone de manifiesto en el mito bíblico y en la grave crisis económica que atraviesa América del Norte y que ha arrastrado a todo el mundo.

La solución del problema no vendrá por la vía del libre comercio, sino por una profunda transformación del sistema económico-financiero, como está intentando el presidente Obama y otros dirigentes mundiales con él. Así lo ha visto la teoría de la dependencia que critica e intenta desenmascarar cómo la teoría del desarrollo desaforado somete aún más a los pueblos subdesarrolados (David).

Aunque haya que admitir que en la riqueza hay aspectos positivos, sin emabargo, su absolutización la convierte en un ídolo al que se sacrifican muchas vidas humanas. La injusta pobreza que hace indigna la vida de pueblos enteros hoy, se manifiesta no sólo en la carencia de bienes y servicios sociales, sino también en el subdesarrollo social y político que incapacita a los que la padecen a integrarse en la sociedad con plenos derechos.

No nos engañemos la economía de mercado se basa en una lógica que propicia un mundo dual de ricos y pobres, en el que las demandas de la minoría rica acaban imponiéndose sobre las necesidades de la mayoría pobre. Por eso la crisis actual se está cebando sobre los trabajadores, los desempleados y en general sobre los más pobres.

El peligro se acrecienta en momentos como este, en que la economía norteamericana padece un fuerte enfriamiento. En nuestro país con un Gobierno socialista es más fácil combatir la crisis, si se respeta el credo del socialismo que está al servicio de la clase trabajadora y no hace caso a las pretensiones usureras de la gran patronal. Contando, por descontado, con la política europea a la que estamos sometidos.

Seamos óptimistas, David puede vencer una vez más a Goliat. La Iglesia debería profesar esta fe y esperanza en la fuerza de los débiles.

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