EUSKADI : LEY DEL PÉNDULO

Con la experiencia de sentirnos libres en democracia durante más de tres décadas, estamos ya en condiciones de afirmar que ha sido un grave atropello a nuestra condición ciudadana la privación de libertad y la castración política, a que se nos ha sometido a varias generaciones de españoles en las décadas precedentes. Como consecuencia de ello, arrastramos todavía una cierta incapacidad para el ejercicio de las libertades en la vida pública

Nietzsche tiene un texto que refleja la sutileza de este atropello: "para ser perfecto, al hombre se le aconsejaba que, al modo de tortuga, retrayese dentro de sí los sentidos, interrumpiese el trato con las cosas terrenales y se despojase de la envoltura mortal. Entonces quedaba lo principal de él, el espíritu puro".

Algunos ciudadanos, atemorizados por el vértigo que produce la libertad democrática, parece que quieren abdicar de ella, les asusta tanto que hacen cuanto pueden por perderla (Goethe). La conducta de estas personas es verdaderamente infantil.

En sentido contrario están los ciudadanos adultos que han asimilado la democracia y defienden los valores inalienables de la libertad. Estos consideran la renuncia cobarde a la libertad como la destrucción de sí mismos y de la sociedad. La renuncia a la libertad les parece renunciar a su condición de hombres/mujeres, a sus derechos e incluso a sus deberes. La libertad interior que se nos ofrece como sustitución desde otras instancias la ven como un engaño ideológico (Ortega y Gasset).

Si obsevamos hoy la situación del pueblo vasco, vemos con asombro que las palabras más repetidas son libertad y democracia. Este parece ser el anhelo angustioso de la mayor parte de los ciudadanos de Euskadi. Casi todos creíamos que con la desaparición del régimen anterior cesaría inmediatamente el fenómeno terrorista, pero no ha sido así, sino que ha ido en aumento. ¿Cómo explicar esto?.

La explicación que se me ocurre es la ley del péndulo. Es decir, un sector nacionalista, tal vez por el plus de coacción que han tenido que soportar largo tiempo, han decidido dar el salto de la dura represión a una libertad sin fronteras, soberanía nacional e independencia de España, que ha derivado en caso del terrorismo en libertinaje sangriento. Esto en democracia no es admisible, porque ella ofrece a todos los ciudadanos otras armas: la razón y la palabra.

Si somos realistas, hemos de admitir que la libertad absoluta no existe, aunque sea un atributo esencial de la vida del hombre/mujer, éste no puede eludir la presión natural permanente que ejerce sobre él lo que designamos con el nombre de Estado. Pero esa coacción algunos pueblos han sabido encauzarla y adaptarla a sus exigencias mediante el llamado Estado democrático, con todo lo que eso significa. Pues bien, eso es la vida como libertad, ciertamente mucho más que unas cuantas libertades individuales.

Como ha podido comprobar el propio pueblo vasco, en estos años de democracia que llevamos, aunque sea imperfecta, el Estado autonómico que hemos labrado es muy abierto y tolerante, y la libertad general que nos ofrece es compatible con la libertad individual de cada uno. El único freno que ella tiene está recogido en un antiguo aforismo muy gráfico: "La libertad de movimientos de tus puños está limitada por la nariz de tu vecino".

Se comprueba, además, que la libertad sin fronteras, y no digamos el libertinaje, produce a la larga una gran servidumbre, como intuyó Platón y más recientemente el Concilio Vaticano II (GS 17).
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