Foro de Davos, sus contradicciones
Cada año en enero el G-8, los ocho países más ricos del mundo, acude puntualmente a Davos (Suiza) a tratar de sus economías. Tras ellos llegan también losantiglobalización, para reprocharles su acumulación de riquezas, desoyendo el grito de la gran masa de los pobres. En sus protestas abogan por un nuevo orden social y un mundo más habitable para todos
Las contradiciones a que me refiero en el título del artículo es que pocos han acentuado más los rasgos negativos del capitalismo como el multimillonario Marshall. En cambio Marx ha subrayado las grandezas de la forma capitalista de producción. Extraña asimismo que Marx hablara de la sociedad socialista sólo de manera indirecta. Pero así es porque todo su trabajo científico en El Capital, según los expertos, se centró en un análisis crítico de la economía capitalista que él conoció en su época.
En su obra no se encuentra un estudio de cómo funciona la economía en una sociedad socialista. Las observasciones sobre ella están dentro del análisis que hace de la producción capitalista. Si bien es cierto que en ese análisis él intuye la sociedad socialista como el parto histórico del desarrollo mismo del capitalismo. Es decir, la contraposición histórica del capitalismo va a desembocar inevitablemente en la sociedad socialista.
No obstante, lo considera un parto que va a ser muy doloroso y no deseado por la élite económica de Davos. Pero en el propio mecanismo capitalista de incrementar continaumente las inversiones, a costa de niveles muy bajos en la parte dedicada al consumo de los aslariados, Marx descubre el camino que lleva la liberación del hombre. Así se expresaba en una carta a Kugelmann en 1868: "Yo veo a la gran industria no sólo como la madre del antagonismo, sino que la presento también como la creadora de las condiciones materiales y espirituales para la solución de esos antagonismos, cosa que por lo demás no puede ir ocurriendo por un camino agradable".
Y después de haber presenciado escenas deplorables de obreros que trabajaban dieciocho horas diarias por un salario de hambre, que les llevaba a enfermedades y muerte temprana, escribe en El Capital: "La fuerza motriz del capitalismo no es la producción de valores de uso y su disfrute, sino la producción de cambio y su acrecentamiento. En cuanto fanático de la revalorización del valor, obliga despiadadamente a la humanidad a producir y de aquí se deriva el desarrollo de las fuerzas productivas sociales y la creación de las condiciones materiales de producción que son imprescindible para poder construir una forma más elevada de sociedad, una forma de sociedad cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de cada uno de los individuos que la integran (EM. Ureña S.J "El mito del cristianismo socialista". Presiento que entre los de Davos no hay ninguno que participe de los sentimientos de Marshall ni de Marx, todos ellos son de otra especie, pero también expuesta a extinguirse con el tiempo.
Una últina noticia: Los reunidos en Davos dicen que la peor de las crisis está por venir. Si ellos lo dicen habrá que creerlos, porque están muy implicados en el tema.
PD. En otros tiempos a estos señores los llamaban Suevos, Vándalos y Alanos. Hoy en inglés los llaman "thief", en francés "cervelas" y en román paladino los llamamos chorizos.
Las contradiciones a que me refiero en el título del artículo es que pocos han acentuado más los rasgos negativos del capitalismo como el multimillonario Marshall. En cambio Marx ha subrayado las grandezas de la forma capitalista de producción. Extraña asimismo que Marx hablara de la sociedad socialista sólo de manera indirecta. Pero así es porque todo su trabajo científico en El Capital, según los expertos, se centró en un análisis crítico de la economía capitalista que él conoció en su época.
En su obra no se encuentra un estudio de cómo funciona la economía en una sociedad socialista. Las observasciones sobre ella están dentro del análisis que hace de la producción capitalista. Si bien es cierto que en ese análisis él intuye la sociedad socialista como el parto histórico del desarrollo mismo del capitalismo. Es decir, la contraposición histórica del capitalismo va a desembocar inevitablemente en la sociedad socialista.
No obstante, lo considera un parto que va a ser muy doloroso y no deseado por la élite económica de Davos. Pero en el propio mecanismo capitalista de incrementar continaumente las inversiones, a costa de niveles muy bajos en la parte dedicada al consumo de los aslariados, Marx descubre el camino que lleva la liberación del hombre. Así se expresaba en una carta a Kugelmann en 1868: "Yo veo a la gran industria no sólo como la madre del antagonismo, sino que la presento también como la creadora de las condiciones materiales y espirituales para la solución de esos antagonismos, cosa que por lo demás no puede ir ocurriendo por un camino agradable".
Y después de haber presenciado escenas deplorables de obreros que trabajaban dieciocho horas diarias por un salario de hambre, que les llevaba a enfermedades y muerte temprana, escribe en El Capital: "La fuerza motriz del capitalismo no es la producción de valores de uso y su disfrute, sino la producción de cambio y su acrecentamiento. En cuanto fanático de la revalorización del valor, obliga despiadadamente a la humanidad a producir y de aquí se deriva el desarrollo de las fuerzas productivas sociales y la creación de las condiciones materiales de producción que son imprescindible para poder construir una forma más elevada de sociedad, una forma de sociedad cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de cada uno de los individuos que la integran (EM. Ureña S.J "El mito del cristianismo socialista". Presiento que entre los de Davos no hay ninguno que participe de los sentimientos de Marshall ni de Marx, todos ellos son de otra especie, pero también expuesta a extinguirse con el tiempo.
Una últina noticia: Los reunidos en Davos dicen que la peor de las crisis está por venir. Si ellos lo dicen habrá que creerlos, porque están muy implicados en el tema.
PD. En otros tiempos a estos señores los llamaban Suevos, Vándalos y Alanos. Hoy en inglés los llaman "thief", en francés "cervelas" y en román paladino los llamamos chorizos.