Foro I. Ellacuría. Retos de la teología de la liberación



Fuentes y estado actual de la teología de la liberación
(Cont)(viene del día 3)

Otro punto de partida de esta teología es el compromiso de los cristianos oprimidos, organizados en los movimientos sociales de campesinos, en las asociaciones, en los partidos y en los sindicatos, en comunidades eclesiales y en grupos defensores de los derechos humanos que han luchado contra muchas formas de opresión y en favor de la libertad y una vida digna. Así pues, la teología de la liberación ha surgido del esfuerzo coherente de conferir eficacia social al amor y a la solidaridad.

Es verdad que ha cambiado el escenario histórico de las dictaduras militares que asolaban el continente latinoamericano durante los años setenta y hasta mediados de los ochenta. Casi todos nuestros países viven ahora en regímenes democráticos. Pero se trata de una democracia frágil y formal, que no llega todavía a las ollas de los pobres, pues el pasado oligárquico y autoritario no ha dejado de ejercer su influencia nefasta en el presente político y económico.

Esto es así incluso en un país complejo como Brasil, cuya élite dirigente se esfuerza al máximo para no perder el tren de la globalización, llevando a cabo, como si de deberes escolares se tratara, la venta del patrimonio público, la desreglamentación de la economía y reduciendo dramáticamente las políticas sociales en un país donde no hubo nunca un estado de bienestar social. Lo antiguo sigue estando vigente bajo la forma externa de lo nuevo: de hecho, hay muchos intereses sectoriales que preservar.

El presidente-intelectual recibe su apoyo político de los hijos postmodernos de los coroneles y de las oligarquías, para lo cual aquél también tiene que hacer concesiones. Es decir, en muchos aspectos de la sociedad y la economía brasileñas se asemejan a una "samba del criollo loco", donde se mezclan dosis de neoliberalismo con autoritarismo colonial, globalización con trabajo esclavo.

En los aspectos sociales, el modelo brasileño administrado por el Estado repite los peores resultados de la versión más negativa del neoliberalismo, descuidando de manera alarmante la infraestructura educativa, sanitaria y de reservas de alimentos. Al mismo tiempo este modelo abandona parcelas crecientes de la población en la marginalidad o en la economía del narcotráfico sin ofrecerle ninguna alternativa. Existen señales de un caos social con instituciones públicas muy debilitadas para cumplir su papel, como la escuela, la salud, la justicia y la policía.(Se habla de gobiernos anteriores a Lula, pienso)

El panorama eclesial tampoco es hoy el mismo. Ha habido una gran persecución a los teólogos de la liberación por parte de los sectores autoritarios y carcomidos de la iglesia, tanto de la brasileña como la romana. Estos ataques se hicieron más fuertes cuando el empuje liberador-igualitario fue vivido, practicado y exigido también en el interior de la propia iglesia y su forma de organizar las relaciones de poder.

Algunos Institutos de Teología fueron cerrados, la formación de seminaristas y sacerdotes está siendo severamente controlada, y se ha favorecido el nombramiento de numerosos obispos sin olor ni color. Paulatinamente muchos agentes eclesiales han envejecido, otros se han cansado y otros han abandonado; pero también son muchos los que siguen trabajando, pues lo que prevalece son las personas, sus práctias y sus ideales.

Es necesario decir que la teología de la liberación ha nacido porque ha existido y sigue existiendo una iglesia identificada con la liberación de los pobres. En Brasil las iglesias que se pueden calificar como pertenecientes a dicha teología siguen existiendo y han hecho un camino propio, han logrado marcar una posición teológica y han formado centenares de líderes comunitarios, políticos, intelectuales y eclesiales. Esta Eclesiología de la liberación sigue siendo vivida, escrita y estudiada, aunque no tenga la repercusión de antes y haya disminuido.

La teología de la liberación han creado un "imaginario eclesial-político que sigue dando su fruto. Y a pesar de la oposición de sectores dominantes de la iglesia a los teólogos de la liberación, el planteamiento fundamental de la teología de la liberación sigue siendo más actual que nunca. Es la teología necesaria en un contexto de sufrimiento y opresión. Es cierto que parte del espíritu crítico de la tradición marxista, pero asimismo su empuje se basa desde el principio en la tradición bíblica y profética, arraigada en la fe de la gente pobre creyente.

¿Creéis que la teología de la liberación es nociva al cristianismo o más bien lo contrario?

¿Es razonable que el Vaticano y algunos obispos de América Latina y del mundo la hayan condenado
repetidamente? Me gustaría saber vuestra opinión.
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PD. El próximo viernes a las 19,30 se hará un homenaje a José María Díez Alegria en el Ateneo de Madrid, calle Prado 21.
Una voz profética que se ha ido.
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