Justicia versus legalismo
Justicia versus legalismo
El nuevo equipo que compone la cúpula del Poder Judicial merece que se le preste atención dado el rango que ocupa en el Estado. Siguiendo el hilo conductor de los grandes pensadores que se han ocupado del tema, he hecho la siguiente reflexión.
Observo que gran parte de ellos se oponen a la tendencia arraigada entre nosotros a considerar la Justicia, que es conforme al derecho escrito, como el único valor moral capaz de de regir la vida pública. Ortega concretamente lo considera un vicio heredado de los romanos. No es que niegue el valor del Derecho, puesto que no es posible prescindir de él en la vida de los pueblos, pero el exclusivismo casi absoluto del derecho en la administración de Justicia ha traído muy malas consecuencias muchas veces.
Estamos de acuerdo con él, porque el Derecho es una selva en la que uno se pierde fácilmente. Pero esgrime otra razón muy convincente: de todas las cualidades que adornan al hombre, el Derecho o la legalidad es la más externa a su naturaleza. En defensa de su tesis el filósofo vitalista utiliza una imagen muy gráfica: “Sin ley no podemos vivir bien, como sin vaso no podemos beber bien, pero no vacilaremos, si damos a las cosas su debido orden, en preferir un hontanar a un vaso. La atención excesiva a la legalidad nos ha dejado en las manos un vaso casi perfecto, pero perfectamente seco”.
Precisamente los fariseos fueron descalificados en el Evangelio por ser ante todo legales, hasta el punto de preferir la ley a la vida de los hombres, lo que es absurdo e inmoral. La ley no goza de primacía en sí misma, sino que ha surgido como remedio a un imprevisto; se ha dicho de ella que es como un entablillado que se pone a algo que se ha roto en la sociedad.
Por tanto,no es la ley lo primero que hay que atender, ya que lleva aneja la desesperanza ante lo humano. Esto es, cuando los hombres desconfían de la humanidad de unos con otros idean algo que se interponga entre ellos para poder tratarse y convivir. Ese es el poder de la ley.
El historiador romano, Tito Livio, se desmarcó de sus conciudadanos cuando dijo de ella: “Es la ley cosa sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni benignidad ante la menor transgresión”. De ahí que antes que legales debiéramos ser personas honestas y respetuosos unos con otros.
Sin embargo, la ley no es algo superfluo ni es preferible la fuerza a la ley, aunque esta sea una fuerza disfrazada, como a veces se dice. El ingrediente de fuerza que lleva está al servicio de una máquina que intenta prescindir de la fuerza entre los hombres. Sí es cierto que en la evolución del Estado la legislación se ha disparado, pero son los mismos ciudadanos los que piden continuamente más leyes. Sería más plausible que, en lugar de pedir leyes, exigieran decencia jurídica.
Tal vez sería conveniente que el Poder Judicial que estrenamos hoy, al parecer más honesto y competente que otros anteriores, se acercara en sus ratos libres a los grandes filósofos y juristas para convencerse ellos mismos y educar a los ciudadanos en este sentido. Es decir, que el aumento de leyes no soluciona los problemas de la sociedad, sino el comportamiento adecuado de los mismos ciudadanos en ella. .
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La que llamamos sociedad deberíamos denominarla más bien di-sociedad, porque no hay armonía ni solidaridad en ella, sino todo lo contrario,un desajuste permanente. Por eso desde muchas instancias se habla de la urgencia de transformar la sociedad, para que responda a lo que su nombre indica. En esta tarea los verdaderos protagonistas somos los ciudadanos y no los jueces,aunque a veces tengan que ayudarnos con su buen hacer. La sociedad será siempre lo que nosotros queremos que sea. Así que ¡manos a la obra para hacer una sociedad nueva, distinta!
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Que no se repita aquello de que “la mies es mucha y los operarios pocos”. Todos somos necesarios, insustituibles. ¿A qué esperamos? Ah, se me olvidaba recordar que para esta tarea el compromiso sociopolítico es fundamental. ¿Qué os parece? Espero iniciativas por vuestra parte, estimados lectores. Hasta para seguir yo concienciándoos necesito vuestra participación aquí. ¡Ánimo! ” a escribir cuatro letras o las que os apetezcan, sea cual sea vuestra opinión. Todas son válidas
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El nuevo equipo que compone la cúpula del Poder Judicial merece que se le preste atención dado el rango que ocupa en el Estado. Siguiendo el hilo conductor de los grandes pensadores que se han ocupado del tema, he hecho la siguiente reflexión.
Observo que gran parte de ellos se oponen a la tendencia arraigada entre nosotros a considerar la Justicia, que es conforme al derecho escrito, como el único valor moral capaz de de regir la vida pública. Ortega concretamente lo considera un vicio heredado de los romanos. No es que niegue el valor del Derecho, puesto que no es posible prescindir de él en la vida de los pueblos, pero el exclusivismo casi absoluto del derecho en la administración de Justicia ha traído muy malas consecuencias muchas veces.
Estamos de acuerdo con él, porque el Derecho es una selva en la que uno se pierde fácilmente. Pero esgrime otra razón muy convincente: de todas las cualidades que adornan al hombre, el Derecho o la legalidad es la más externa a su naturaleza. En defensa de su tesis el filósofo vitalista utiliza una imagen muy gráfica: “Sin ley no podemos vivir bien, como sin vaso no podemos beber bien, pero no vacilaremos, si damos a las cosas su debido orden, en preferir un hontanar a un vaso. La atención excesiva a la legalidad nos ha dejado en las manos un vaso casi perfecto, pero perfectamente seco”.
Precisamente los fariseos fueron descalificados en el Evangelio por ser ante todo legales, hasta el punto de preferir la ley a la vida de los hombres, lo que es absurdo e inmoral. La ley no goza de primacía en sí misma, sino que ha surgido como remedio a un imprevisto; se ha dicho de ella que es como un entablillado que se pone a algo que se ha roto en la sociedad.
Por tanto,no es la ley lo primero que hay que atender, ya que lleva aneja la desesperanza ante lo humano. Esto es, cuando los hombres desconfían de la humanidad de unos con otros idean algo que se interponga entre ellos para poder tratarse y convivir. Ese es el poder de la ley.
El historiador romano, Tito Livio, se desmarcó de sus conciudadanos cuando dijo de ella: “Es la ley cosa sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni benignidad ante la menor transgresión”. De ahí que antes que legales debiéramos ser personas honestas y respetuosos unos con otros.
Sin embargo, la ley no es algo superfluo ni es preferible la fuerza a la ley, aunque esta sea una fuerza disfrazada, como a veces se dice. El ingrediente de fuerza que lleva está al servicio de una máquina que intenta prescindir de la fuerza entre los hombres. Sí es cierto que en la evolución del Estado la legislación se ha disparado, pero son los mismos ciudadanos los que piden continuamente más leyes. Sería más plausible que, en lugar de pedir leyes, exigieran decencia jurídica.
Tal vez sería conveniente que el Poder Judicial que estrenamos hoy, al parecer más honesto y competente que otros anteriores, se acercara en sus ratos libres a los grandes filósofos y juristas para convencerse ellos mismos y educar a los ciudadanos en este sentido. Es decir, que el aumento de leyes no soluciona los problemas de la sociedad, sino el comportamiento adecuado de los mismos ciudadanos en ella. .
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La que llamamos sociedad deberíamos denominarla más bien di-sociedad, porque no hay armonía ni solidaridad en ella, sino todo lo contrario,un desajuste permanente. Por eso desde muchas instancias se habla de la urgencia de transformar la sociedad, para que responda a lo que su nombre indica. En esta tarea los verdaderos protagonistas somos los ciudadanos y no los jueces,aunque a veces tengan que ayudarnos con su buen hacer. La sociedad será siempre lo que nosotros queremos que sea. Así que ¡manos a la obra para hacer una sociedad nueva, distinta!
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Que no se repita aquello de que “la mies es mucha y los operarios pocos”. Todos somos necesarios, insustituibles. ¿A qué esperamos? Ah, se me olvidaba recordar que para esta tarea el compromiso sociopolítico es fundamental. ¿Qué os parece? Espero iniciativas por vuestra parte, estimados lectores. Hasta para seguir yo concienciándoos necesito vuestra participación aquí. ¡Ánimo! ” a escribir cuatro letras o las que os apetezcan, sea cual sea vuestra opinión. Todas son válidas
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