Marx y la Biblia III



La civilización occidental

Estamos en el momento en que la civilización occidental toma conciencia de sí misma y se relativiza, no en el relativismo de quien no logra discernir entre el bien y el mal, sino reconociendo el poder antihumano y destructor de la vida que caracteriza a la cultura occidental. El capitalismo criticado por Marx constituye el último eslabón de una larga cadena de opresiones, el más perfecto, el mejor estructurado.

Pero si miramos hacia atrás, el comienzo de la cadena no coincide con el inicio de la civilización occidental; la cadena viene desde mucho antes. Ahora bien, resulta peligroso para algunos marxistas hacer esta constatación porque se presta a erigir la injusticia en universal inocuo, en cuasi-natura, en propiedad inherente de la esencia humana, exculpando así al capitalismo y distrayéndonos de la lucha presente que es contra él.

Que el peligro no es irreal, se ve por los argumentos reaccionarios que, para defender la propiedad privada, se basan en una presunta naturaleza egoísta del hombre o, para magnificar la sociedad clasista y la diferencia de ingresos como sabia disposición de la naturaleza que espolea a trabajar; se apoyan asimismo en la pereza congénita del ser humano. Todos conocemos esas melodías y otras semejantes.

Pero constatar que el capitalismo trae en su seno toda la maldad milenaria de la humanidad explotadora, es algo bien diferente de los universales platónicos; es encarar hechos históricos, injusticia que se agolpa de generación en generación y obtiene su institucionalización sistemática; es luchar porque el derrocamiento del capitalismo sea derrocamiento de toda injusticia. No se puede imaginar el capitalismo como una especie de hongo que brota por generación espontánea, sin raíces en la historia anterior.

Sería igualmente peligroso no discernir la verdadera esencia de este capitalismo que nos oprime. Si la pieza generadora de todo este sistema de injusticias no se pone de relieve, estaríamos atacando los efectos dejando intacta la causa. La pieza generadora existía desde mucho antes que su concreción capitalista, mucho antes de que ella misma generara el actual sistema omnipervasivo y autojustificante que del hombre no deja sin esclavizar ni el ello ni el yo ni el superego, y eso en los opresores tanto o más que en los oprimidos.

La transformación del trabajo en mercancia, y su fetichizacióm en objeto, denunciada certeramente por Marx como el eje del sistema social capitalista, ya estaba de raíz en la filosofía occidental y griega que después se diversificó en múltiples ciencias especializadas. Marx en su primera tesis sobre Fuerbach, apunta la raíz: "La falla principal...es que la realidad sensible es captada solamente bajo forma de objeto de contemplación". No lo dice expresamente, pero esta es la falla, no sólo de los empresarios y de los economistas y de los filósofos, sino de la civilización occidental en cuanto tal.

La cultura occidebtal adopta el criterio de la mente griega, incluidas la filosofía y la teología cristiana, como norma indiscutible de verdad. Emmanuel Levinas nos describe así la filosofía griega:

"Filosofía del poder, la ontología como filosofía primera que no pone en cuestión al yo, es una filosofía de la injusticia (E. Levinas, Totalité et infini.Den haag 1965, 14). De la sustancia de este universo mental fueron formándose las ciencias occidentales y aun la definición misma que discrimina entre lo que es científico y lo que no lo es. Como dice Marcuse:

El método científico que lleva a la dominación cada vez más efectiva de la naturaleza lleva a proveer así los conceptos puros tanto como los instrumentos para la dominación cada vez más efectiva del hombrepor el hombre a través de la dominación de la naturaleza (H. Marcuse,El hombre unidimensional. México 1959, 175).

De hecho la filosofía griega nació para neutralizar la realidad y evitar que nos inquiete; reducirla a un cosmos en que todo está bien. Contrastándola con el conocer bíblico, un gran exégeta la ha descrito así: "Esa gnosis que se independiza, esa gnosis carente de "obediencia", mira naturalmente sus objetos en carácter de "lo que está a la mano". No necesita someterse a ellos, no necesita "oírlos"(R.Bultmann, Glauben und Verstehen I.Tübingen, 184),que su conocer sea "objetivo", consiste en que el participar en lo conocido se reduzca a "ver".(Id. art.Ginosko, en TWNT I, 690).

Estas observaciones están hechas desde el punto de vista bíblico, antiguo y nuevo testamento; la teología crisiana en general ha minimizado deliberadamente el hecho de que Pablo arremeta contra la sabiduría de los griegos (1 Cor 1, 22; 2,4-5;"filosofía" en Col 2, 8). Se trata de una manera de conocer más antigua que la civilización griega; sólo que encontró en la sabiduría griega su sistematización autojustificatoria.

El percatarnos de que la opresión capitalista trae la carga de milenios de injusticias y de dureza del alma, no quita a nuestro empeño urgencia
ni puntería, al contrario, le da su verdadera dimensión. Lo que está en juego es, en términos teilhardianos, la mutación cualitativa del género humano; en términos paulinos, "el hombre nuevo" (Ef 4, 24), "la nueva creación" (Gál 6, 15; 2 Cor 5, 17. Marx lo expresa diciendo que termina la prehistoria y empieza la historia del hombre.
--J. Porfirio Miranda, Marx y la Biblia.
Crítica a la filosofía de la opresión.
Introducción
Ediciones Sígueme 1975


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