Marx y la Biblia IX

2. La propiedad diferenciante
Lo que generalmente no se ha visto es que la propiedad privada, en la medida en que constituye clases sociales dispares, no puede llegar a existir sino como resultado de esa coactiva distribución del ingreso contra la que los Papas en nombre de la justicia protestan. La distribución de la propiedad es simplemente distribución del ingreso acumulado.
Las personas de alto nivel de ingresos, no pudiendo o no queriendo gastar en consumo todo el dinero que anualmente perciben ahorran una parte de su ingreso. Y esa parte se convierte en capital en una u otra forma: sea que esas personas presten a los bancos a cambio de intereses, y los bancos a su vez a los empresarios; sea que las personas mismas inviertan sus ahorros en bienes de producción que ellas empresarialmente manejan.
En todo caso nótese bien: ni un gramo del capital que hoy existe podía haber nacido si los proletarios de nuestros países hubieran efectiva y realmente podido ejercitar su derecho natural e innegable de coalición obrera y consumidora. Fue la violencia la que impidió que lo ejercitaran, la violencia institucional, legal, jurídica, pseudo-moral, cultural etc. Y así se sigue formando la propiedad, no sólo de los medios de producción sino también la de los palacetes, la de las fincas privadas para las vacaciones, la del ajuar que distingue, toda la diferencia patrimonial que constituyen los contrastes sociales y la sociedad clasista.
Cuando empezó el plan Marshall para la Alemania occidental consumida por la guerra, Nell-Breuning planteó el problema: ¿quíén va a pagar los empréstitos americanos?
Evidentemente el pueblo consumidor, pues las empresas recaudarán a través de los precios el dinero necesario para pagar a los americanos. Pero al final de la reconstrucción ¿quién será el dueño de las fábricas y del aparato de producción? Evidentemente los Krupp y los Thyssen y en general la clase capitalista.
Los bienes de producción serán pagados por el proletariado que es trabajador y consumidor, pero pertenecerán como propiedad privada a un puñado de familias. Sobrevino el milagro alemán, como se llamó y efectivamente en 15 ó 20 años se reconstruyeron con creces las industrias, las cadenas comerciales, las flotillas de automóviles y camiones de transporte, los bancos etc. Todo eso lo pagó el proletariado arrostrando precios abultados para adquirir artículos y servicios que podían haberle costado mucho menos.
Todo lo pagó el proletariado y nada le pertenece. La propiedad es un robo. Legalizado, institucionalizado, culturalizado, canonizado. Pues eso que sucedió en 15 ó 20 años en Alemania ha sucedido y sigue sucediendo día a día en la larga historia secular de todo occidente. Lo pasmoso es que los pastores y los moralistas católicos no lo hayan visto.
Es inútil objetar apelando a los capitales que existían desde antes de la industralización. Estos surgieron o del comercio directa o prestamistamente, y que las empresas comerciales cometían respecto de sus obreros y consumidores el mismo despojo que hemos dicho; o se amasaban mediante plantaciones con trabajo de esclavos; todo era dinero robado a los esclavos junto con su libertad. Nnadie puede legitimar las fortunas que surgieron de plantaciones, minas o encomiendas esclavistas.
En cuanto a las famosas "cosas de nadie"("titulus occupationis rei nullius"), es claro que no podían convertirse en capital propiamente dicho sin entrar en el mecanismo de la violencia que llamamos mercado, sea el mercado de consumo, de trabajo o de ambos. Quedaría el derecho de conquista, pero afirmarlo sería tanto como afirmar el derecho del más fuerte y abandonar así toda diferencia entre derecho e injusticia.
La buena fe con que los sujetos mismos hayan procedido, engañados por el derecho positivo del país o de la época o de la costumbre, no puede aducirse sin profesar positivismo jurídico, es decir, sin profesar que la ley en turno es la que decide qué cosa es buena y qué cosa es mala; mas en ese caso tampoco cabe denunciar injusticia hoy, pues el 99% de la explotación actual es conforme a la ley...
Es puro conservadurismo interesado sostener que el despojo y la injusticia hayan de permanecer irreparables con tal de que se obtenga la paz. La paz es muy buena cuando está fundada en la justicia (Is 32, 17), no cuando sirve para hacer irreparable la injusticia.
Llamamos propiedad diferenciante, bien a la propiedad de los bienes de producción que una pequeña parte de la población posee y de que está privado el proletario, o bien a las cosas de uso en que se visibiliza el contraste social. No basta afirmar que toda la propiedad diferenciante hoy existente es de hecho resultado del despojo; hasta ahí estaríamos censurando sólo "los abusos" de una cosa que "en sí" podía haber sido y puede ser buena...
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