Marx y la Biblia VIII

La propiedad privada en cuestión
Distribución del ingreso
(Cont.)
El cepo del que el proletariado no puede escapar es la necesidad de "ganarse la vida" en los términos que este sistema social impone. Así no se necesitan cadenas ni rejas; el esclavo que huya, por hambre tendrá necesidad de retornar. Ni en matrimonio ni en supervivencia misma puede pensar si no se doblega y acata las condiciones que el sistema altamente injusto impone.
Al hombre no le queda más alternativa que aceptar o morirse de hambre él, su mujer y sus hijos. Este "persuasor oculto" (La expresión es de Packard) es peor que toda la publicidad e ideología porque clava su harpón en el nivel más hondo de la persona.
El sistema obliga al hombre a entregarse, con toda su fuerza a asegurar su futuro económico, a que el problema de los demás le parezca enteramente ajeno, a entregarse al espíritu calculador, a la ideología según la cual el valer de un hombre consiste en su grado de astucia para ubicarse bien en el sistema.
Y eso en fuerza misma del sistema, independientemente del adoctrinamiento por publicidad y por educación y por ideología, forzosamente, para ser alguien, para poder sobrevivir, para no ser triturado por la maquinaria social.
Y a todo este rodaje infernal se le añade el ideal del desarrollo, sin dejar que paremos mientes en que es desarrollo cuantitativo, es decir, que es más de lo mismo, más incomunicación entre los hombres, más aherrojamiento interior, más presión sistemática sobre los proletarios para que acepten contratos supuestamente libres, más despojo generalizado, más violencia.
Un efecto de la educación, de la publicidad y de la ideología atañe de manera particular a la distribución del salario : se crea como incuestionable el convencimiento general de que quienes se ocupan en determinados géneros de trabajo deben percibir ingresos inferiores y contentarse con niveles inferiores de consumo más bajos que quienes desempeñan otro tipo de funciones.
La sociedad clasista resulta así, en las mentes, canonizada como algo moralmente debido, como situación exigida por la justicia.
Aunque ambos son igualmente falsos, no se confunda este convencimiento con el convencimiento medieval de que el hijo del zapatero debía ser también zapatero y el hijo del príncipe principe etc., situación que los sociólogos llaman falta de capilaridad o de movilidad social. Hoy sí se puede "ascender" por la escala clasista y hasta es un ideal hacerlo.
El estrago empedernido a que me estoy refiriendo es la convicción inextirpable, aunque enteramente mitológicos de que ciertos oficios están destinados para siempre a devengar ingresos inferiores y ciertos otros son "en sí" merecedores de remuneración superior.
Este convencimiento es una de las peores violencias que se le infligen al proletariado para forzarlo a acatar en el contrato de trabajo (y en su imprescindible complemento que es el múltiple contrato de compraventa de bienes y servicios de consumo) las condiciones que a la clase capitalista le convienen.
J. Porfirio Miranda, Marx y la Biblia
Ediciones Sígueme, Salamanca 1975
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