Marx y la Biblia X

La propiedad diferenciante
(Cont.)
...Además de la cuestión de facto, existe la cuestión de iure: la propiedad diferenciante no podía ni puede llegar a existir sino mediante la violencia y el despojo. Por tanto no puede haber legítima propiedad diferenciante(si exceptuamos los premios de lotería, en la medida en que todos los que participan en el sorteo aportando el monto de un billete, con verdadera libertad consienten en que sólo uno de ellos resulte beneficiado.
Importa conocer cómo se ha planteado la cuestión de iure.
Consiste en esencializar, destemporalizar, prescindir del origen histórico de la propiedad. Como si la cuestión se resolviera mirando simplemente el concepto de propiedad por un lado y el de legitimidad por otro, para descubrir que el uno no contradice al otro y concluir quel la propied no es intrínsecamente mala. Eso no es hablar de propiedad sino de una representación mental que se cree la esencia de la libertad.
Los promotores de tal método estarían dispuestos a conceder que todas las realizaciones extramentales de la esencia analizada han sido, de hecho, malas, pero dicen que eso no afecta en nada a la esencia misma, la cual puede "en sí" ser buena. Es absurdo porque la realidad que constituye el dato empírico a examinar sería siempre mala, pero el extracto conceptual que de todas esas realizaciones extramentales abstraen resulta bueno "en sí". Evidentemente es patente que tal extracto no corresponde a la realidad.
Aquí se ve claramente de dónde procede semejante método: si se prescinde de la historia como único origen posible de la propiedad, no se plantea la cuestión decisiva sobre si la propiedad diferenciante puede llegar a existir sin violencia y despojo. Cuando se prescihde de la cuestión histórica, el problema de posibilidad de legítima propiedad se reduce a asunto meramente esencialista: las esencias parecen bajadas de un mundo platónico; la propiedad no tiene génesis, no es producto de la historia.
Esta mentalidad nos viene de los griegos, aunque ya Marx la estigmatizaba en los economistas clásicos (Manuscritos de 1844).
Esto mismo es lo que hace el moralista heredero de los griegos: habla de la propiedad con el presupuesto explícito o tácito de que fue bien adquirida. Ya con ese presupuesto, sus elucubraciones son lógicas y coherentes, y con ello cree estar captando la propiedad "en sí", la esencia misma de la propiedad, y no sus abusos contingentes y anecdóticos. El verdadero problema es completamente diferente: Lo que hay que preguntarse es si la propiedad diferenciante sería adquirible sin esos abusos contingentes y anecdóticos que se reducen a violencia y despojo.
En realidad la acumulación de capital en pocas manos no pudo ni puede obtenerse sin violencia instiucional ejercida sobre los salarios y los precios. El resto de la población no accedería libremente a ese desclasamiento. Si se ha plegado bajo la serie de contratos implícitos o explícitos ahí involucrados, ha sido porque no le quedaba otro remedio, (es decir, por la violencia) y/o porque las ideologías, la educación y los medios de comunicación de las respectivas épocas le han hecho ignorar aun la existencia de otras posibilidades (es decir, por la violencia del engaño).
J. Porfirio Miranda, Marx y la Biblia.
Crítica a la filosofía de la opresión.
Ediciones Sígueme, Salamanca 1975.
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--Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
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